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vol 33 • 2022

La pedagogía de la esperanza como phármakon

La pedagogía de la esperanza como phármakon

Diana Jaid Martínez Navarro
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

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Resumen

El texto tiene como objetivo reflexionar y hacer una crítica entorno a la pedagogía de la esperanza de Paulo Freire a través de la noción de phármakon, en otras palabras, queremos cuestionar a la pedagogía de la esperanza que envenena a la humanidad pero que a la vez es antídoto de la misma.

Palabras clave

Paulo Freire, Pedagogía de la esperanza, veneno-antídoto.


La esperanza es el peor de los
males, pues prolonga el tormento
del hombre

Frederic Nietzsche

La esperanza está en la raíz de la
inclusión de los hombres, a partir de la cual
se mueven éstos en permanente búsqueda

Paulo Freire

Presentación

En la mitología griega existe un mito que, desde nuestra perspectiva, ejemplifica lo que aquí se quiere mostrar. Tal mito refiere a la primera mujer creada por los Dioses para la humanidad, dotada de los mejores encantos: la belleza, la elocuencia, la sabiduría, la música… y al mismo tiempo, refiere a un regalo de los dioses que contenía todos los males del mundo - ¿o todos los dones?-: La caja de Pandora.

Recordemos que tal mito comienza cuando

Prometeo incurrió en la ira de Zeus por regalar el fuego a los mortales, y el gran dios decidió compensar esta bendición con una calamidad que hiciera insoportable la vida de los hombres. Esa calamidad sería la mujer. Cumpliendo órdenes de Zeus, Hefesto la modeló con barro a imagen y semejanza de las diosas inmortales. Atenea la vistió y la adornó, y le enseñó los oficios que le son propios, Afrodita derramó sobre ella la hermosura, y Hermes insufló en su pecho la astucia y la mentira. Zeus envió entonces esta creación tan hermosa como falsa al crédulo titán Epimeteo, que olvidó de inmediato las advertencias que le había hecho su hermano Prometeo de no aceptar ningún regalo de Zeus. Epimeteo, embobado por la belleza de Pandora, la tomó por esposa y de paso condenó a la humanidad a una vida de sufrimientos. En efecto, Pandora llevó como dote una gran tinaja en la que estaban almacenadas todas las aflicciones, las enfermedades y el trabajo, desgracias hasta entonces desconocidas por los hombres. Cuando destapó la tinaja, salieron de ella todos los males y se esparcieron por la tierra, de modo que los mortales no pudieron librarse nunca más de ellos. Lo único que quedó en la tinaja a disposición de los hombres fue la esperanza, como una especie de consuelo de los desastres que Pandora había dispersado por el mundo.

(March, 2002, p. 346)

El mito de la caja de Pandora nos muestra, desde nuestra interpretación, una posible paradoja, pues en él se dice que la misma Pandora al abrir la caja desató todos los males de la humanidad y que lo único que no logró salir es la esperanza, pero entonces nos preguntamos: si la caja contenía todos los males ¿la esperanza es un mal por sí misma? o ¿por qué al contener todos los males la esperanza quedó como consuelo?

El texto que a continuación se presenta tiene como objetivo reflexionar y hacer una crítica entorno a la pedagogía de la esperanza de Paulo Freire a través de la noción de phármakon, en otras palabras, queremos cuestionar a la pedagogía de la esperanza que envenena a la humanidad pero que a la vez es antídoto de la misma. Por tal motivo introducimos este texto con el mito de Pandora, que trae consigo esta cuestión absurda, es decir, la esperanza como un mal encerrado y a la vez como una forma de consuelo. Sin duda hay que aceptar la dualidad buena-mala de la pedagogía de la esperanza. No podemos encerrarnos solamente en la bondad de tal propuesta; aunque debemos de aclarar que este escrito es una interpretación de la pedagogía de la esperanza de Freire como phármakon y no una crítica “mala” -o del todo buena- a la pedagogía que propone Paulo Freire. Como pedagogas y pedagogos debemos de mirar más allá de las propuestas, debemos de aprender a leer el mundo, de alfabetizarnos, como diría Freire.

Pedagogía de la esperanza: veneno y antídoto

Paulo Freire tuvo una relación, cuando era niño, demasiado estrecha con las clases dominadas y explotadas que lo llevó a crear un vínculo con aquella realidad, llegando a comprenderla y haciendo un método alfabetizador. Dicho método apuntaba a rehacer y transformar esa realidad de opresión, restaurando de tal manera a la humanidad misma. Pero ¿cómo iba a lograr transformar esa realidad para lograr liberar a los oprimidos? Pues, precisamente, propuso una pedagogía, expuesta en su obra Pedagogía del oprimido(2005), la cual tiene por objetivo que los propios sujetos sean conscientes de su propio destino histórico, esto a través de la alfabetización, pero no una alfabetización totalmente encaminada y acompañada de un método silábico, sino que alfabetizar incluye entender y aprender a leer el mundo, el contexto que les rodea, además de ser autocríticos de sí mismos y de su entorno.

Freire apostaba por la alfabetización en tanto ésta le servía a la humanidad como recurso para liberarse a través de la conciencia reflexiva; también, a través del diálogo que implica la comunicación, es decir, comunicarse con uno mismo al comunicarse con los demás, una comunicación que es horizontal y que subjetiva a cada uno de sus participantes al encontrarse y humanizarse en el mismo proceso.

Asimismo, Freire señala que esto se debe acompañar con una pedagogía de la esperanza, ya que los propios participantes de este proceso de alfabetización deben de encontrar, en su sistema opresor, la esperanza para poder transformarse y transformar al mundo. Es en esta precisión en la que nos queremos centrar y reflexionar.

Freire dice que la pérdida de la esperanza es un indicador para que la relación del opresor y del oprimido se legitime, ya que es una acción de conformismo, por parte del oprimido, de esperar a que la historia cambie por sí sola sin ser un agente transformador que transforme su realidad. Al respecto el autor señala que

La desesperanza es también una forma de silenciar, de negar el mundo, de huir de él. La deshumanización, que resulta del “orden injusto”, no puede ser razón para la pérdida de la esperanza, sino que, por el contrario, debe ser motivo de una mayor esperanza, la que conduce a la búsqueda incesante de la instauración de la humanidad negada en la injusticia. Esperanza que no se manifiesta, sin embargo, en el gesto pasivo de quien cruza los brazos y espera.

(2005, p. 111)

Freire habla de una desesperanza, pero nosotros diríamos que no es tal cosa, sino que, por el contrario, es la misma esperanza disfrazada con el prefijo “des”, es decir, la esperanza que envenena es la esperanza que está ahí pero que sólo espera, que está en la pasividad creyendo que todo va a mejorar por sí solo. La esperanza que cree que va a venir un salvador a instaurar la paz y a frenar la deshumanización o la opresión de una vez por todas. Esa esperanza que Freire llama desesperanza es un acto pasivo de quien cruza los brazos y espera a que le resuelvan su situación de opresión, porque quien se ha conformado no necesariamente ha perdido la esperanza, en otras palabras, ha caído en un colchón blando en el que se puede estar por mucho tiempo -incluso toda la vida- y nunca levantarse, pero la esperanza sigue ahí, latente; una esperanza que atormenta al no saber lo que pasará. Esto también se puede enunciar como el miedo de la esperanza, que inhibe al individuo -al oprimido- a luchar por liberarse (Freire, 2002), miedo que viene acompañado de esperanza, esperanza que no lucha. En resumen, esto es lo que llamaríamos la esperanza que envenena, porque la cruda realidad angustia y el conformismo inmoviliza.

Por otro lado, Paulo Freire en La pedagogía de la esperanza, un encuentro con la pedagogía del oprimido dice que:

Sin un mínimo de esperanza no podemos ni siquiera comenzar el embate, pero sin el embate la esperanza, como necesidad ontológica, se desordena, se tuerce y se convierte en desesperanza que a veces se alarga en trágica desesperación. De ahí que sea necesario educar la esperanza. Y es que tiene tanta importancia en nuestra existencia, individual y social, que no debemos experimentarla en forma errada, dejando que resbale hacia la desesperanza y la desesperación. Desesperanza y desesperación, consecuencia y razón de ser de la inacción o del inmovilismo.

(2002, pp. 8-9)

Estamos de acuerdo con Freire en que la esperanza es un recurso necesario para la acción, ya que sin ella no podemos tener los más bellos y revolucionarios anhelos de salir de la opresión o de creernos libres, es decir, con la esperanza abrigamos un deseo en devenir, que puede ser incierto, dudoso, problemático, ambiguo o totalmente esperanzador, pero que nos ayuda e impulsa a luchar, a estar en constante movimiento, en acción que posibilita el cambio y la transformación.

La esperanza como un sueño utópico; una utopía político-pedagógica que es una responsabilidad histórica que, junto con la esperanza, no permite -o frena- que se siga legitimando la relación opresor-oprimido. Freire apunta a la esperanza como el sueño de eliminar el miedo a ser libres sin olvidar poner en acción el proceso alfabetizador, es decir, de aprender a leer el mundo desde una postura crítica y desde ahí transformarse a la vez que transformamos.

Freire recalca que sin un mínimo de esperanza no podemos comenzar a atacar a aquello que debemos de vencer, verbigracia, la opresión. Esta esperanza que moviliza el corazón de cada uno de sus partícipes para soñar con la utopía liberadora; esta esperanza que posiblemente no acabe con las y los opresores, pero que, sin duda, nos lleva a pensar más allá de nuestras cadenas, más allá de las sombras… La esperanza como el eterno retorno de lo incierto que impulsa a la lucha permanente. Esta otra esperanza como antídoto que cura porque puede reconformar creer en la realización de la utopía. Me muevo en la esperanza en cuanto lucho y, si lucho con esperanza, espero (Freire, 2005, p. 111) el devenir esperanzador y transformador.

Reflexiones finales

Como lo decíamos al principio, no debemos ni podemos negar la dualidad buena-mala, veneno-antídoto de la propuesta pedagógica de Paulo Freire: La pedagogía de la esperanza. Desde el mito de la caja de Pandora, podemos suponer que la esperanza es buena y mala en sí misma, por ser uno de los males encerrados en tal caja y por ser la única que queda encerrada en ésta como un consuelo, que no sólo es un consuelo que está para calmar, sino para movilizar y efectuar la acción que iniciará el cambio esperado por ese anhelo que se tiene.

Recurriendo al primer epígrafe que acompaña a este texto y que Nietzsche expone en Humano demasiado humano(1996), la esperanza como veneno es aquella que atormenta al hombre y a la mujer, a la humanidad, porque prolonga aquello que se espera con conformismo, con pasividad, con inmovilismo y que, de alguna manera, puede hacernos partícipes de los mismos roles que se quieren romper, pero que ni siquiera nos podemos dar cuenta de aquello que nos ata e inmoviliza por las mismas cadenas del veneno de la esperanza.

Pero, por otra parte, está la esperanza que se pone de manifiesto en el segundo epígrafe de este escrito, el de Paulo Freire, que ve a la esperanza como la constante búsqueda del cambio, de la transformación a través de quienes también se transforman. La esperanza que es antídoto, que cura el conformismo y la inmovilidad, para aceptar y, más que nada, construir el futuro que se espera con la misma esperanza soñadora y creer en la restauración y realización de la utopía. La esperanza que sirve para indignarnos y enfrentar al mundo a través del diálogo y la autocrítica; la esperanza que nos ayude a que la dignidad y la ternura se haga costumbre.


Referencias

March, Jenny. (2002). Diccionario de Mitología clásica. Crítica.

Freire, Paulo. (2002). Pedagogía de la esperanza. Un reencuentro con la pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Freire, Paulo. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Nietzsche, Frederic. (1996). Humano demasiado humano. Akal.


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