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vol 29 • 2020

MONSTRUOS

MONSTRUOS

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[Antes de nada, me permito este paréntesis con un necesario excurso a modo de presentación...

Me llamo Tamara Carrasco García y nací en Martorell, Barcelona, hace 36 años. Soy una trabajadora y activista social y política. Participé activamente en la defensa de las urnas, el 1 de octubre de 2017, y soy una de las fundadoras del CDR, Comité de Defensa de la República, de Viladecans, municipio donde resido. En abril de 2018 fui detenida en mi domicilio por la Guardia Civil española acusada de un presunto delito de sedición, rebelión y terrorismo. Fui encarcelada preventivamente en Madrid y, posteriormente, la Fiscalía Nacional me acusó, sin aportar pruebas, de preparar un atentado contra el cuartel de la Guardia Civil en Barcelona y de idear una quema de banderas. Me prohibieron salir del municipio, un confinamiento que fue levantado el 30 de mayo de 2019. Estoy pendiente de juicio y esperando, también, ver y vivir la República Catalana.]

Cuando me pidieron participar en esta publicación acepté encantada este reto. Reflexioné mucho, ¿qué aportación podría hacer en un medio académico? Redacté varios borradores para acabar enviándolos a la papelera -demasiado neutro, demasiado sentimental, demasiado personal, mezclas demasiados temas...- para volver a empezar de nuevo. (Te puedo asegurar que la persona que me lo encargó ha tenido mucha paciencia conmigo.)

Así que querida lectora, ruego disculpes esta explosión de ideas quizás desordenadas, porque es muy personal. Las genera un proceso interior que he vivido en mis carnes y he sido testigo de muchos otros casos, y no he encontrado mejor manera de expresarlo.

Podemos hablar a nivel puramente jurídico, político, antirrepresivo, psicosocial, personal, con perspectiva de género y un largo etcétera. Pero al fin y al cabo es mi vida, y te hablaré con el corazón. La parte académica y las conclusiones deberán ser cosa tuya, yo sólo dejaré mi testimonio.

Cuando la Guardia Civil me detuvo bajo protocolo antiterrorista y me retuvieron tres días en los calabozos de Tres Cantos, Madrid, antes de pasar por la Audiencia Nacional, no tenía ni idea de lo que se me venía encima. Pero, no, este no fue el peor momento, esta era sólo la chispa que se acababa de encender.

Me confinaron durante más de un año en mi pueblo, (ahora con la pandemia del Covid19 que por desgracia estamos viviendo se puede imaginar mínimamente lo que significó). Debía presentarme a los juzgados cada lunes, tenía vigilancia y seguimientos obvios y estuve sometida a un linchamiento mediático desmedido. De la noche a la mañana, alguien con una firma me convirtió en un personaje público.

Todo ello, hizo que me diagnosticaran Síndrome de Estrés Postraumático. Creo que es la primera vez que lo digo en público.

En cierto modo se me reclamaba que fuera perfecta en muchos aspectos porque alguien decidió también que fuera un símbolo. Una mujer dura, fuerte, con unos principios firmes, que no se arruga, porque simboliza un movimiento, el carácter de un pueblo en lucha por su libertad.

Pero la realidad era bien distinta, la coraza que me había fabricado daba la imagen que se esperaba de mí. Pero en mi interior el síndrome me estaba dominando, no sabía que pasaba ni cómo controlarlo. Miraba la ventana de mi habitación y la mirilla de la puerta de mi casa cien veces el día, no podía ir sola por la calle, durante meses dormí en el sofá y muchas de mis cosas estaban tal cual las había dejado la Guardia Civil.

Me obsesionaba todo mi entorno pero sobre todo me dolía la palabra terrorista.

¿Cómo se puede utilizar una palabra tan dura contra alguien que no mataría ni a una mosca? Un terrorista es una persona llena de odio, que utiliza el terror para conseguir sus objetivos. Si ha de matar, secuestrar y extorsionar lo hará. Y yo no soy así, yo no puedo odiar. Es algo que me ha costado mucho tiempo entender: el odio, la rabia permanente, la impotencia, la venganza son sentimientos que te destruyen. Y son sentimientos que sólo tienes tú y te afectarán a ti misma. Era una dualidad difícil de llevar: quién eres versus quienes creen que eres.

Llega un punto de inflexión, tocas fondo de verdad y sabemos que cuando llegas a este punto tienes dos opciones: o te quitas del medio y desapareces, o bien sales a flote.

Quiero aclararte una cosa: no quiero dar ninguna lástima, no me la tengas, por más duro que te parezca. Todos en la vida sufrimos momentos duros: muertes de personas cercanas, enfermedades graves... y a mí me ha tocado esto. Que no te dé pena, porque decidí pedir ayuda y salir de la oscuridad en la que estaba inmersa. Y a día de hoy, casi dos años después, puedo decir que lo estoy consiguiendo. Que mis monstruos no pudieron conmigo.

Me gusta hablar de monstruos y espejos, porque no he parado de cruzarme con ellos este tiempo. Ha sido muy difícil afrontarlo, pero creo que me ha hecho evolucionar como persona y hacerme más fuerte.

Hablaremos de dos monstruos, uno que no podemos controlar y otro que si, y que en ningún caso la fuga es una opción, te tienes que enfrentar.

El primer monstruo son las cloacas del Estado español. No paraba de preguntarme: ¿por qué yo?. Lógicamente personalizaba en mí misma todo lo que me pasaba y era un planteamiento erróneo. No era contra mí, era contra lo que les interesaba que yo representara. Las alcantarillas tienen mil herramientas para hacerte entrar en pánico y hundirte: mediáticamente, judicialmente, policialmente, etc.

[Si tiene tiempo busca información sobre el Proyecto MK Ultra, es un programa sobre control mental creado por la CIA en 1950. Es utilizado por muchas fuerzas policiales en diferentes variantes. Dado que como representa que estamos en democracia y la tortura física no está permitida tienen sus mecanismos alternativos. No, no es ninguna teoría de la conspiración. Está documentado y te lo puede avalar cualquier represaliado de cualquier época.

Resumiendo mucho, es una técnica psicológica que consiste en tenerte con la espada de Damocles sobre la cabeza, sufriendo. Todo lo demás te lo haces tú sola. Así matan dos pájaros de un tiro:

  1. Te desactivas como activista tú sola, y desactivas como una onda expansiva a tu entorno.
  2. No invierten tantos recursos como antes (por que el recurso eres tú misma) y así ellos pueden utilizar los ahorros en lo que quieran.
  3. Demonizan una lucha legítima con casos como el tuyo.]

Seguimos. Empezaban a llegarme amenazas muy duras, las críticas e insultos también lo eran, señalaron mi casa con pintadas. Y no pasaba nada, ¿quien representa que me tenía que defender? Nadie. Me lo tenía que gestionar yo. Así que me creé un círculo personal con mi terapeuta, mi abogado y antiguos represaliados (acusados ​​del caso Pandora, de las detenciones del 92 antes de las Olimpiadas, del 95 en Barcelona y represaliados de Euskal Herria...), sólo ellos podían ayudarme.

Los que representa que estaban en mi barco también contribuyeron a la deshumanización. Los que nos debían llevar a una supuesta República no estaban por la labor, primaron sus intereses partidistas metiéndonos prácticamente en el cajón de un olvidado armario a los represaliados y despreciando en cierto modo nuestro sufrimiento. Con lo que ha pasado los últimos tres años desde aquel otoño de 2017 puedes extraer tus propias conclusiones. Han manejado los tiempos y han orientado las movilizaciones como han querido para contener la disidencia y seguir haciendo lo de siempre. (Piénsese por ejemplo en el Tsunami Democrático y la Mesa de Negociación). Todo ello hizo daño, mucho daño..

A este monstruo no se le puede dominar, es como el dios de la guerra, crea el caos, destruye, y si le cortas un tentáculo le salen tres más.

El segundo monstruo eres tú mismo, y con mucho esfuerzo y trabajo, a este si que lo puedes dominar y vencer.

Cuando te meten en un lío como este, tú misma te pones delante de un espejo: tú y tus monstruos.

Hay cientos de personas que se meten con tu físico por el simple hecho de ser mujer, por cómo piensas, para respirar, en definitiva por vivir. Tu entorno más inmediato tampoco sabe cómo gestionarlo y en muchos casos lo que hacen es empeorar la situación, porque la culpa es tuya. Porque si no fueras independentista y activista no estarías en este lío. Te conviertes en un vaso de agua que se va llenando gota a gota. A nivel social debes ser un símbolo del feminismo, del independentismo, del antifascismo... Y no, sólo eres una persona. Con tus errores y tus aciertos, y no es nada justo que lleves todo el peso del mundo sobre los hombros. Estaba cansada de ser Tamara Carrasco.

Y llegó el día que decidí poner mi vida en el centro. (Si, una gran frase mal utilizada últimamente). Decidí perdonarme a mí misma, decidí amarme. No soy partidaria de hacer planes de futuro, y más a las puertas de tener un juicio mediático tan duro. Pero aún así entendí que mi vida, mi libertad, mi dignidad, mi situación, todo, absolutamente todo era mío. Porque en algún momento sería olvidada, como tantos y tantas otras, y me quedaría sola con mis monstruos. ¿Y sabéis qué? Que al segundo monstruo le quiero, porque me ha enseñado lecciones de vida inmensas, que me servirán para siempre. Porque me ha ayudado a conocer a gente maravillosa. Y sobre todo, porque me ha hecho valorar cosas a las que en el día a día no le damos importancia, como la libertad.

¡Tengo mucho trabajo por delante, y un futuro esperanzador!

Después de leer estas líneas sé que es muy difícil darle un carácter académico a lo que os cuento. Me gustaría que, al menos, le dieras un valor humano, porque quien educa, o quien enseña y aprende, trata de vidas y de personas. Todo lo que estudiamos y trabajamos, en definitiva, tiene el objetivo de mejorar la vida de las personas, de avanzar en el progreso de la Historia. Así que, empezemos por humanizarnos, por una vez dejemos las teorías marxistas, o tantas otras que hacemos servir y mirémonos a los ojos. Y pongamos la vida en el centro, pero de verdad, no como una frase hecha.

El sufrimiento de tantos y tantos represaliados a lo largo de nuestra lucha por la libertad debe tener un sentido. Y aquí es donde entras tu. Ignoro quién leerá este artículo, pero los futuros abogados, periodistas, psicólogos, psiquiatras y un largo etcétera tienen mucho que decir.


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