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vol 29 • 2020

¿Crónica de un engaño, anunciado?

¿Crónica de un engaño, anunciado?

[ Alba Artés Beltrán y Júlia Berrido Aceña, exmilitantes del SEPC, Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes y participantes en movimientos de la izquierda independentista ]

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“Potser et maten o potser
se’n riguen, potser et delaten;
tot això són banalitats.
Allò que val és la consciència
de no ser res si no s’és poble.
I tu, greument, has escollit.
Després del teu silenci estricte,
camines decididament” [1]

Vicent Andrés Estellés

¿Cómo hemos pasado de ser dos estudiantes universitarias a participar en uno de los momentos más importantes de la historia de Cataluña? ¿Qué podemos decir de todo lo que vimos? De vez en cuando miramos atrás y recordamos todo lo que hemos vivido juntas, sobre todo, la época en que nos conocimos. Entonces éramos dos chicas de 19 y 23 años, estudiantes de la Universidad de Girona. Nos encontramos militando en el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes durante unos días que fueron clave para la historia y la memoria de este país. Una experiencia que vivimos codo a codo y que nos lleva a explicar nuestras reflexiones sobre el proceso independentista desde el 1 de octubre hasta ahora. Para nosotras fue el inicio de nuestra vida política y también de nuestra amistad.

Al principio pensábamos que solo formábamos parte del movimiento estudiantil catalán pero, en realidad, éramos parte de algo mucho más grande. Este sector fue clave en la movilización masiva a favor de la república catalana, no solo porque apelábamos a toda la comunidad universitaria, sino también porque, como veremos, ha sido siempre una herramienta de presión para conseguir que las instituciones apoyaran las demandas nacionales de nuestro pueblo. Hicimos efectivas numerosas paradas lectivas, protegiendo así el derecho de las personas a movilizarse y permitiendo que los estudiantes y trabajadores de los centros educativos pudiéramos salir a la calle. Siempre actuamos teniendo claro que hay momentos en que hay que vaciar las aulas y llenar las calles.

Para ponernos en contexto: el espacio donde militábamos, el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans(SEPC), es el sindicato estudiantil de referencia en els Països Catalans [2]. Este sindicato nació en 2006 y se enmarca en el movimiento político de izquierdas Esquerra Independentista [3]. El objetivo principal de esta organización es la construcción de un marco educativo para els Països Catalans desde una óptica de izquierdas [4]. Concretamente, la lucha va encaminada a construir una enseñanza pública, popular, feminista, en catalán y de calidad. Es un sindicato horizontal, es decir, que funciona a partir de asambleas. Para coordinarse dispone de una estructura nacional que se encarga de vertebrar y unificar las acciones de todo el sindicato. Esta estructura nacional se reproduce en los núcleos, que son pequeñas partes que conforman el sindicato en cada territorio donde, según el número de estudiantes, se centran en un municipio, un instituto, una universidad o un campus.

Gracias al trabajo de muchos militantes y estudiantes que salimos en masa a las calles detuvimos proyectos que atacaban el carácter público de la educación como el 3 + 2 o la EU2015 [5]. Desde el aumento de las tasas universitarias llevada a cabo por el gobierno de Artur Mas, nuestra lucha se centró en reclamar la bajada de precios de las matrículas universitarias. Logramos la aprobación de la moción del Parlamento de Cataluña el día 7 de abril de 2016, que nos avanzaba la rebaja del 30% de estas. Pero nunca se aplicó. Por eso desde el SEPC seguimos trabajando en esta línea, consiguiendo más de 70.000 firmas para la ILP Universidades [6] reclamando esta rebaja, otra vez.

Este fue el espacio de militancia que nos acogió, desde el que vivimos el proceso independentista en Cataluña y desde el que luchamos para alcanzar la república catalana. Hoy vamos tres años atrás para repensar todo lo que aquello significó para nosotras y para el movimiento estudiantil en general. Intentaremos ofrecer un análisis crítico del momento político que vivió Cataluña y el papel que jugaron los estudiantes y jóvenes, siempre en pie de guerra, para el futuro de nuestro pueblo.

Queremos votar

En septiembre de 2017 comenzaba un curso académico muy marcado por la agenda política catalana. El Parlamento de Cataluña había anunciado ya una fecha para el referéndum de autodeterminación y había aprobado la ley de transitoriedad [7]. Los estudiantes, más que nunca, nos acogimos con firmeza a la máxima de Joan Fuster: “Toda política que no hacemos nosotros será hecha contra nosotros” [8].

Sentíamos que aquel referéndum marcaba el inicio de un verdadero proceso de independencia para Cataluña. Era la primera vez que parecía que el gobierno catalán estaba verdaderamente dispuesto a jugársela por la nación. El pueblo tenía un papel claro en todo esto: defender su soberanía saliendo a las calles. Por ello todos los esfuerzos del movimiento estudiantil y, en especial, del SEPC fueron destinados a la movilización de la comunidad estudiantil a favor de la independencia de Cataluña. Teníamos que dejar claro que queríamos la independencia y estábamos dispuestos a detener nuestros estudios y nuestras vidas, si era necesario.

Pero, en ese momento, el SEPC no era el único agente que trabajaba para movilizar a la comunidad universitaria a favor de la república. Desde mayo de ese año se había ido gestando la plataforma Universidades por la República, centrada, primeramente, en una campaña de recogida masiva de firmas por el Pacto nacional por el referéndum [9] y, posteriormente, en convertirse en una herramienta aglutinadora de movilización de todos los estudiantes, docentes y personal administrativo de las universidades catalanas. Su objetivo principal era que la movilización estudiantil se desarrollara claramente a favor de la independencia. Esta plataforma transversal, sin un color político detrás más allá del sí al referéndum, nos daba un poder de movilización mucho mayor y nos permitía llegar a mucha más gente.

La plataforma fue un gran éxito ya que llegó a convocar una de las manifestaciones estudiantiles más grandes de la historia de Cataluña: más de 80.000 estudiantes concentrados en las calles de Barcelona, el 28 de septiembre de 2017. Habíamos conseguido generar el clima perfecto para la celebración del referéndum: llevábamos semanas repartiendo papeletas, informando a la gente de su lugar de votación y ayudando como podíamos en la organización de ese día tan esperado.

Aquel 1 de octubre de 2017 nos quedará para siempre fijado en nuestra memoria. Éramos un pueblo unido con un objetivo común. Las organizaciones, agentes y partidos políticos parecían haberse difuminado para dejar paso a la gente y al poder popular que no dudó en poner su cuerpo ante la policía para defender cada colegio de su pueblo o ciudad.

Seguramente recordamos también el día 2 de octubre. Los estudiantes volvimos a salir a la calle, como empezaba a ser costumbre, a las 12.00 h ante el Rectorado de la Universidad de Girona, con las manos en alto y en un silencio autoimpuesto como forma de protesta. Habíamos votado y habíamos ganado, pero también nos habían golpeado y sentíamos que teníamos que dar una respuesta a la altura del momento.

Toda la Universidad de Girona nos volcamos en la preparación de la siguiente jornada: una gran parada de país que tuvo lugar al día siguiente, el 3 de octubre. Nuestra lucha se empezaba a descentralizar. Ese día teníamos que salir de la universidad y estar en la ciudad, unidos. El movimiento estudiantil se coordinó con la Asamblea de Jóvenes del Gironès (AJGI) [10] para formar un gran bloque joven que nos haría falta para las siguientes movilizaciones.

La de ese día fue la manifestación más multitudinaria que se ha hecho nunca en la ciudad de Girona. Fueron días llenos de ilusión y de esperanza: parecían el inicio de una verdadera revolución. Sentíamos que finalmente íbamos encaminados hacia la independencia. El pueblo catalán estaba más unido que nunca. Nos sentíamos fuertes y pensábamos que todo saldría bien. Si continuábamos con aquella fuerza y aquella energía, tendríamos la república. Pero ese camino no lo podíamos hacer solos. Era necesario que nuestro gobierno, nuestras instituciones hicieran el último paso. Necesitábamos que hicieran efectivo el mandato del 1 de octubre y proclamaran la República Catalana.

Hemos votado, hemos ganado

El 16 de octubre por la tarde la represión del Estado cayó sobre Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Era el primer aviso, la primera vez que el Estado dejaba claro que todos podíamos acabar en prisión si seguíamos su camino. Nos sumamos a la ola de caceroladas organizadas ante las comisarías de la Policía Nacional. Mayoritariamente jóvenes y estudiantes salíamos a la calle con cierta indignación y con ganas de que las cosas empezaran a cambiar.

El SEPC y Universidades por la República volvíamos a llamar a la huelga el 26 de octubre de 2017. Sentíamos que el movimiento comenzaba a estancarse y aquella huelga reclamaba algún cambio real. La manifestación fue muy intensa y multitudinaria, con acciones simbólicas pero contundentes, y nos daba fuerza para pensar que no éramos las únicas que nos empezábamos a sentir engañadas. A los estudiantes nos empezaban a parecer insuficientes los claveles y las manos alzadas. Esta opinión, sin embargo, quedaba enterrada y aislada a algunos jóvenes y se nos exigía que nos mantuviéramos pacíficos. No sólo reclamábamos justicia para nuestro pueblo y nuestros presos políticos sino también una acción de nuestro gobierno.

Al día siguiente el presidente Puigdemont comparecía ante el mundo y tenía en sus manos la ilusión y la esperanza de todo un pueblo. El 27 de octubre vivimos el momento de mayor intensidad política de nuestras vidas, se proclamó la República Independiente de Cataluña y todo fue alegría, besos, llantos y abrazos: ¡lo habíamos conseguido! Pero solo duró ocho segundos. Ocho segundos, hasta que nuestro presidente “suspendió” la DUI [11]. Pasamos de ser las personas más felices a ser las personas más confundidas: ¿qué significaba aquello? Hoy sabemos que, digan lo que digan, no habían estructuras de estado preparadas para alcanzar la independencia. Que, mientras el pueblo sí que había hecho su trabajo saliendo a la calle y dejándose apalear pacíficamente, el gobierno no había hecho el suyo. Pasamos del “queremos votar” al “hemos votado, hemos ganado”, y de aquí a “el pueblo manda, el gobierno obedece”.

Ahora teníamos un gobierno que se había echado atrás cuando el pueblo quería ir adelante. Teníamos el artículo 155 de la Constitución española aplicado y Mariano Rajoy había convocado elecciones al Parlamento de Cataluña el 21 de diciembre. No había rastro de la república catalana que nos habían prometido. Todo lo que habíamos sufrido, las horas sin dormir, las huelgas eternas, las clases que nos habíamos saltado, todo por lo que nos habíamos sacrificado no había servido de nada. Estábamos peor que antes, ahora ni siquiera teníamos la autonomía en funcionamiento.

El pueblo manda, el gobierno no obedece

El pueblo catalán tenía que soportar la injusticia del estado español. Y, además, tenía que soportar que su gobierno no había hecho el trabajo que el pueblo esperaba. Teníamos la sensación de que el mandato del pueblo se le había quedado grande a ese gobierno que nos vendía la república como algo que podíamos conseguir siguiendo sus pasos. La independencia material se convirtió en una situación incómoda para Junts per Catalunya y esto se hacía visible en la campaña electoral del 21-D. Ahora el objetivo no era la independencia sino la liberación de los presos políticos. Ya no se perseguía la ruptura con el Estado sino el retorno a la normalidad. El cambio de objetivo del espacio político que nos había prometido la república se hizo patente en aquella campaña.

Sin embargo, aún quedaba en nosotros una pequeña esperanza respecto a las elecciones del 21 de diciembre de 2017. Por un lado, pensábamos que si volvía a ganar el independentismo por mayoría habría todavía posibilidades de seguir adelante con el mandato del 1 de octubre; y por el otro, creíamos que la CUP [12] era realmente el único partido que estaba dispuesto a darlo todo para proclamar la república catalana. Ellos habían demostrado ser los únicos que habían apostado siempre abiertamente tanto por la DUI como por la desobediencia institucional.

Y ganó la independencia, pero la CUP perdió mucha fuerza. Junts per Catalunya, con la figura de Puigdemont, se había llevado la mayoría de los escaños independentistas y, entre ellos, muchos votantes de la CUP. Ese día todas las esperanzas que nos podían quedar en el proceso desaparecieron: se habían roto de golpe ante nosotros sin que nosotros pudiéramos ser, ni siquiera, conscientes. Recordemos aquella noche de diciembre como una noche triste y confusa, como una derrota.

Quien siembra la miseria, recoge la rabia

Con el nuevo semestre académico el panorama político cambió radicalmente. La movilización en la calle era casi nula, pero en las conversaciones de bar nuestras cabezas echaban humo. Necesitamos mucho tiempo para poder asimilar todo lo que habíamos vivido. Todavía ahora nos preguntamos cómo pudimos aguantar aquella movilización constante durante meses: asambleas eternas para preparar huelgas, mil y un manifiestos para leer en plazas y calles, dormir poco, comer donde sea, trabajo en todo momento y el móvil siempre conectado. No parábamos de preguntarnos: ¿y ahora qué? ¿de qué había servido todo esto?

Ante la inacción política y la vigente aplicación del 155, en el SEPC volvimos a centrar los esfuerzos en la educación. El 26 de abril se convocó una huelga para la rebaja de las tasas. Pero el desánimo y el desgaste de todas las movilizaciones anteriores nos dificultó mucho el trabajo. Mientras que en octubre habíamos convocado una huelga de un día para otro y habíamos tenido una respuesta masiva, ahora teníamos que trabajar tres veces más para conseguir un seguimiento de huelga que fuera aceptable.

El 1 de octubre de 2018 fue el mal denominado primer aniversario del 1 de octubre; para nosotras, este nombre y la celebración lúdico-festiva de ese día eran insultantes. ¿Cómo podía ser que celebráramos un día que, para nosotras, era una herida abierta? Un año después, el mandato del 1 de octubre estaba muy lejos de materializarse. Para nosotras la lucha continuaba y fue este motivo que nos llevó, como SEPC, a convocar huelga estudiantil.

En este momento parecía que se intuía una grieta que dividía el movimiento independentista: ahora los jóvenes, cansados de las manos en alto y los lirios, empezábamos a buscar el enfrentamiento. Queríamos hacer tambalear de verdad el equilibrio del estado español. Al otro lado de la grieta había toda aquella parte del movimiento que criminalizaba a la juventud por taparse y enfrentarse con la policía, y pensaba que podíamos hacer la revolución con rosas.

Esta grieta se evidenció el 21 de diciembre de 2018. Un año después de las elecciones impuestas, el estado español celebraba un Consejo de Ministros en Barcelona y lo entendimos como una provocación. Se convocó una manifestación multitudinaria en la capital catalana que tenía por objetivo impedir que se celebrara el Consejo. Los jóvenes queríamos una manifestación combativa y salimos a las calles a combatir.

Dentro del movimiento se había extendido la idea de que había infiltrados en las manifestaciones, que iban encapuchados y que buscaban el enfrentamiento con la policía. Pero no eran infiltrados. No lo podían ser porque nos conocíamos y éramos los mismos jóvenes que nos habíamos sentado pacíficamente y habíamos aguantado los golpes de porra. Y es que era nuestro futuro lo que estaba en juego, y pensábamos defenderlo como fuera necesario. Empezábamos a tener claro que el Estado nos perseguía y que, por tanto, nos teníamos que cuidar. Cuidarnos significaba taparnos y encapucharnos. Y en enero tuvimos muchas más razones para hacerlo, concretamente 21.

La solidaridad, nuestra mejor arma

Nuestras vidas habían vuelto a una cierta normalidad. Pero un miércoles cualquiera, el 16 de enero de 2019, nos despertamos con los móviles echando humo. La Policía Nacional, sin identificación y de paisano, había detenido a 13 personas aquella mañana, que llegaron a 16 al final del día. La mayoría de los detenidos eran compañeros nuestros y no solo compañeros de lucha y militancia sino compañeros de vida, amigos y amigas. Pasamos la mañana frente a la comisaría de la Policía Nacional de Girona viendo como iban entrando nuestros compañeros que acababan de ser detenidos y esperando que salieran. Aquel atestado aumentó a un total de 21 personas [13], acusadas de haber ocupado las vías del TAV [14] durante el 1 de octubre de 2018.

Pero, una vez más intentamos oponer resistencia. Una de las compañeras que debía ser detenida estaba en la Universidad cuando la policía fue a buscarla en su casa. Enseguida pusimos en marcha todos los medios para evitar su detención y la Universidad de Girona pasó a ser su refugio. Con el permiso de las instituciones universitarias muchos estudiantes y jóvenes nos encerramos con ella en la Universidad dispuestos a quedarnos tanto tiempo como fuera necesario. Aquel cierre se llamó Caputxinada UdG y duró diez días. Diez días durante los cuales fuimos el centro del movimiento independentista. Fueron muy numerosas las muestras de solidaridad de colectivos, partidos políticos e incluso de las figuras políticas más importantes del momento.

Muchos de los jóvenes encausados eran militantes o exmilitantes del SEPC UdG y de La Forja- Gironès [15], es decir, personas con las que habíamos vivido todo lo descrito anteriormente. Como las detenciones fueron del todo arbitrarias pensamos que, tal y como les había pasado a ellos, nos podía pasar a nosotras. Esta razia represiva demostraba lo que siempre habíamos defendido: las capuchas eran una medida antirepresiva necesaria para protegernos, para cuidarnos y para asegurar la continuidad de nuestra lucha. Con este ataque hacia los jóvenes, el estado tenía un objetivo muy claro: esparcir el miedo entre nosotros para evitar que continuáramos combativos. Lejos de conseguirlo, la rabia y las ganas de hacer frente al estado que nos amenazaba con su represión aumentaban.

Nuestra sentencia: independencia

Empezaba otro curso académico. Dos años después, sin rastro de la República que ya parecía quedar muy lejos, celebrábamos otro 1 de octubre. Esta vez ni siquiera el SEPC convocó huelga y la movilización fue aún menos combativa que el año anterior.

Pero había habido movimiento durante el verano. Había nacido una plataforma que pretendía cambiar el estado de las cosas: el Tsunami Democrático [16]. Esta plataforma fue creada para dar una respuesta a la altura de la sentencia del juicio del proceso. Y, el 14 de octubre, cuando se hizo pública, volvimos a ser allí. Como previmos, fue una resolución injusta para los políticos del proceso: habían sido sentenciados con penas de entre 9 y 13 años de prisión. Era la hora de inundar las calles.

Empezaron semanas de movilización constante. Cada día nos organizábamos con el Comité en Respuesta a la Sentencia, una plataforma unitaria formada por varias organizaciones juveniles de Girona, que fue un agente movilizador esencial mientras el Tsunami no tenía previstas acciones en Girona. No podíamos esperar a las convocatorias del Tsunami ya que la gente reclamaba salir a las calles.

Ahora bien, las calles no quemaron porque lo dijera el Tsunami Democrático. Ni porque lo dijera ninguna otra organización. Quemaron por la rabia, impotencia y frustración acumulada de aquellos jóvenes que no querían otro 2017. La plaza Urquinaona de Barcelona quemaba de rabia cada noche sin control y sin un liderazgo político. Teníamos un movimiento en la calle muy potente que desgastó a la policía y que no estaba coordinado por ninguna organización: definitivamente no estábamos acostumbradas a ver esto.

¿Y por qué las organizaciones políticas no llevaron este liderazgo o no fueron líderes en la lucha en la calle? Viendo el gran número de detenciones que se estaban llevando a cabo, creemos que el Estado podía ir más lejos: las organizaciones éramos carne de cañón para la ilegalización. El pueblo catalán había entendido que nos teníamos que cuidar y que la gente que estaba organizando las movilizaciones estos días podía terminar como los Jordis. Todo el mundo tenía miedo. Tsunami Democrático, sin embargo, ya se había adelantado a esta idea: no podía ser perseguida porque no había ninguna entidad ni persona visible detrás. Sin embargo, pensamos que tampoco asumió el papel de liderazgo que el movimiento espontáneo de Urquinaona le exigía.

¿Habéis visto nunca como os apuntan directamente con el cañón de un arma de fuego? ¿Habéis oído el sonido de una escopeta de pelotas de goma al disparar? ¿Y cómo de diferente suena el de una pistola de foam? Son cosas que asustan, claro que asustan. Pero aguantábamos en primera línea de fuego y nos protegíamos como fuera. Allí aprendimos que el mobiliario de la ciudad nos podía proteger. Nuestros ojos veían la ciudad llena de escudos para coger o posibles refugios detrás de pilones o de contenedores. Los enfrentamientos con la policía terminaron en cargas policiales totalmente desproporcionadas que dejaron clara una sola cosa: la violencia comenzaba cuando llegaba la policía.

Y es que muchas cosas cambiaron con las movilizaciones de la sentencia. Ahora también nos preguntamos: ¿y ahora qué? ¿qué cambió? Pero, aparte de ser un gran canalizador de la rabia de los jóvenes catalanes, se evidenció una desconexión que se había ido cociendo entre las instituciones políticas y el pueblo. La respuesta a las protestas por parte del Gobierno -más policía y más balas de goma- lógicamente no gustó nada a las personas movilizadas. Poco a poco, sin embargo, la opinión pública, primero tímidamente y luego con fuerza [17], basculó de la crítica a la comprensión de la magnitud de lo que estaba pasando en las manifestaciones, del que reclamábamos los jóvenes y el porqué emprendíamos aquellas acciones.

Pero la llama de las calles se apagaba y, con ella, todo pronóstico de alcanzar la independencia. Para explicaros los complejos motivos que acabaron con aquella llama y sus consecuencias políticas, discursivas y emocionales, necesitaríamos todo otro artículo. Por ahora, nos queda el recuerdo y los pequeños trofeos que nos llevamos de las calles: pelotas de goma de todos colores con las que nuestros perros juegan; las balas de foam que nos sacaron ojos y algunos de los botes de gas lacrimógeno que nos hicieron llorar.

¿Lo volveremos a hacer?

Esta pregunta nos plantea muchas dudas. Hoy por hoy el proceso independentista catalán parece detenido. Desde las protestas postsentencia no hemos vuelto ni a salir masivamente a la calle ni a conseguir ningún compromiso institucional que nos acerque fácticamente hacia la república. Vemos como la deriva que está tomando el movimiento se está centrando en campañas antirepresivas con ninguna otra aspiración más que el retorno a la normalidad. Y que la represión del Estado, sin embargo, no se ha detenido en ningún momento y nos ofrecerá más casos y más casos.

¿Y con este mar de dudas, quién lo quisiera volver a hacer? ¿Quién volvería a poner el cuerpo? ¿Quién volvería después de ser reprimido con toda la fuerza de un estado que se siente cuestionado? ¿Quién volvería después de ser criminalizado desde dentro y desde fuera del movimiento para desmarcarse de la tendencia general pacifista y actuar sin miedo hacia las opresiones? ¿Quién volvería después de tener que oír que los jóvenes no nos implicamos nunca en política y que no nos interesa, y ser excluidos con pedante paternalismo cuando nos implicamos?

Los jóvenes. Los estudiantes, los trabajadores, quienes siempre que el momento político nos lo ha pedido, hemos estado en la primera línea. Nosotros no hemos olvidado la República. La seguimos anhelando y mirando de construir en los espacios donde podemos: defendiendo la lengua y la cultura catalanas, trabajando para fortalecer el sentimiento de pertenencia y esparciéndolo. Porque sabemos que solo con convicción y esfuerzo lograremos nuestro objetivo. Lo volveremos a hacer, sí. Pero volveremos más conscientes de lo que éramos antes. Con más herramientas para detectar y desenmascarar engaños. Mientras, estamos a la espera de una nueva oportunidad; trataremos de analizar, entender y aprender de las oportunidades que hemos tenido. Como estudiantes hemos sido un sector clave y, si se nos presenta otra oportunidad, estaremos.

Volveremos a detener nuestros estudios, nuestros trabajos y nuestra vida las veces que haga falta. Volveremos a levantar las manos, a poner los cuerpos ante las porras, a encender barricadas y a poner contra las cuerdas todo aquello que nos oprime como pueblo. Y esperamos que nadie subestime nuestra fuerza, porque si los hijos del 1 de octubre doblamos el Estado, imagínense lo que podremos hacer los hijos de la semana postsentencia. Con coraje, compañerismo y, sin miedo, lo volveremos a hacer.


[1] Del poema Assumiràs la veu d’un poble. Vicent Andrés Estellés. Traducción al español: “Quizás te matan o quizás se ríen, quizás te delatan; todo esto son banalidades. Aquello que vale es la conciencia de no ser nada si no se es pueblo. Y tú, gravemente has elegido. Después de tu silencio estricto caminas decididamente”.

[2] Els Països Catalans son los territorios que forman parte de una unidad geográfica, histórica, cultural y de predominio lingüístico del catalán.

[3] La Esquerra Independentista(EI) es un movimiento político que propugna la construcción de unos Países Catalanes independientes, socialistas y feministas.

[4] Para más información: https://www.sepc.cat/

[5] EU2015, para más información https://issuu.com/sepc_nacional/docs/llibret_e2015_1_

[6] Iniciativa Legislativa Popular para reclamar la rebaja de las tasas universitarias.

[7] Ley 20/2017, del 8 de septiembre, de transitoriedad jurídica y fundacional de la República. Es la denominación de una ley que tuvo por objetivo garantizar la seguridad jurídica, así como la sucesión ordenada de las administraciones y la continuidad de los servicios públicos, durante el proceso de transición de Cataluña hacia un estado independiente el 2017.

[8] Cita extraída de Diccionari per a ociosos, 1970, Joan Fuster.

[9] El Pacto Nacional por el Referéndum es una campaña de adhesiones para recoger el apoyo de instituciones, entidades, electos y particulares, de dentro y fuera de Cataluña, para la celebración de un referéndum sobre el futuro político de Cataluña. Para más información: https://pactepelreferendum.cat/ .

[10] Más tarde se convertiría en la organización independentista juvenil La Forja – Jovent Revolucionari.

[11] Declaración unilateral de independencia

[12] Candidatura d’Unitat Popular

[13] Tras los hechos ocurridos se crea el colectivo 21 Razones. Se encuentran pendientes de juicio y en plena campaña antirepresiva. Para más información: https://21raons.cat/

[14] Tren de Alta Velocidad

[15] La Forja - Jovent Revolucionari es una organización política juvenil de els Països Catalans que lucha por la construcción de una república socialista, feminista y ecologista en todo el país. https://www.laforja.cat/

[16] Plataforma que se había ido formando meses atrás, desde el inicio del juicio, con la pretensión de llamar masivamente la población a movilizarse una vez se hiciera pública la sentencia. https://tsdem.gitlab.io/

[17] cf. Discurso de Clara Ponsatí en el acto de Perpiñán el 29 de febrero del 2020 https://www.eltemps.cat/article/9549/discurs-clara-ponsati-perpinya


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