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vol 17 • 2014

Ciudades y contextos rurales en transición en una perspectiva de educación permanente

Ciudades y contextos rurales en transición en una perspectiva de educación permanente.Cambios en las formas de habitar: desde la crisis hacia una nueva visión

Lucia Bertell, Universidad de Verona

Traducción: Loris Viviani

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A estas alturas son muchos los estudios que se interesan de los cambios de las ciudades: desde los estudios de la Escuela de Chicago del siglo pasado, en los cuales barrios y ciudades eran utilizados como laboratorios sociales donde estudiar los comportamientos de la sociedad contemporánea, hasta los más recientes de disciplinas como la sociología, la geografía y la antropología urbana.

Mucho también se ha hablado sobre las ciudades y sobre nosotros como ciudadanos, como actores activos o pasivos de procesos sociales inducidos por la forma urbana. En tiempos más recientes, la mirada de quien hace investigación empieza a enfocar la relación entre los territorios urbanos, sus periferias y la confluencia en los paisajes de los contextos rurales. La atención se dirige también hacia los procesos sociales a los que moldea este renovado diálogo entre territorios, tan distintos en el pasado.

Si pienso en el Veneto, la región italiana donde vivo, esta relación consistía, hasta hace unos treinta años, en una clara diferencia cultural y lingüística, paisajística y vocacional, vivencial y productiva; sin embargo, hoy la mirada recorre cientos de kilómetros sin encontrar diferencias, el mapa es homogéneo, la ciudad se ha adueñado de todo lo necesario para su existencia. Ahora ya, en muchas ocasiones, la ciudad sólo se para frente a otros territorios urbanos, con los cuales establece alianzas bajo la forma de áreas metropolitanas (conglomerados de ciudades o sistemas lineares). Este crecimiento exponencial se ha desarrollado codo a codo con el crecimiento económico; de la misma forma la crisis se ha puesto evidente tanto en los procesos económicos financieros como en los de la vida urbana.

Crecimiento, crisis y nuevos aprendizajes

En occidente, de forma particular, este paralelismo entre crecimiento económico y crecimiento de las ciudades (a través de la inclusión urbana de las periferias y de los territorios rurales) ha coincidido también en la crisis manifiesta. Es así como, junto a los esfuerzos realizados para mantener en vida un sistema socio-económico que no tiene con que nutrirse, emergen movimientos urbanos que realizan prácticas de resistencia humana y ambiental que otorgan otros significados a los espacios públicos y privados de las ciudades y buscan devolver a los territorios rurales la dignidad de una diferencia y el reconocimiento de una utilidad sistémica.

Cuando digo que tanto la economía como las ciudades no tiene con que nutrirse no estoy utilizando una metáfora sino me estoy refiriendo a datos reales; el pico del petróleo y la subida de los precios de la gasolina, terrenos agrícolas inapropiados para responder a las demandas de consumo local, áreas verdes reducidas a simples alamedas a lo largo de las autovías, espacios públicos no organizados … todo esto escasea y las ciudades tienen que enfrentarse con una real indisponibilidad bio -económica.

Sucede que, por un lado, se persigue todavía el mito de la urbanización y del crecimiento, invirtiendo en proyectos de cooperación sostenidos inconscientemente por realidades promotoras de principios y prácticas solidarias, y que apuntan a desarrollo y crecimiento a través del modelos dominante, exportando seguridades en decadencia y educando según los principios de la pedagogía del capital (A. De Vita, 2009). Por el otro, se hacen visibles movimientos y practicas promotoras de otro tipo de pensamiento, la transformación de la forma de vivir la ciudad bajando los consumos: menos petróleo, menos territorio, menos productos, menos tiempo, menos.

Estos movimientos han actuado a nivel de la participación, como bien nos describió Clara Arbiol en su intervención, a través de una sorprendente explosión de vitalidad y de deseo de estar y retomar posesión de los espacios públicos; han brotado desde si mismos, como ha subrayado Michele Bottari, a través de prácticas conscientes de consumo y producción que se han enfrentado a las formas de la ciudad desde la idea del consumo local y de la defensa de la tierra.

También donde de forma espontánea la ciudad se forma a través de la ocupación de las tierras – como en el caso del Parque Eliane del que habla Jaíra Maria Alcobaça Gomes – es posible entrever una conciencia que acompaña los procesos de urbanización según una lógica medioambiental, donde el progreso y el crecimiento entran en conflicto culturalmente con las prácticas de vida de las poblaciones indígenas, llevadoras de la voz de la Tierra, además de las necesidades de la propia vida.

El caso colombiano, del que habla Mario E. Vargas Sáenz, nos ayuda a mantener abiertas las contradicciones: la empresa social como elemento de crecimiento urbano en armonía con los aspectos sociales y solidarios. Es una realidad lejana pero, leyendo las paginas de Vargas, ésta se acerca hacia nosotros con mucha más coherencia de la que yo pueda ver en la acción de mucho cooperativismo en Italia. Aquí reside la importancia de mantener abiertas las contradicciones y suspender el juicio sobre un área productiva, aquella del llamado tercer sector, que si en su nacimiento era promotora de valores sociales, ambientales, de justicia social, hoy se encuentra en buena parte corrompida por la alianza con el mercado que la vuelve, a menudo, una dócil aliada.

Por estos motivos miro con interés particular aquellas nuevas prácticas que emergen desde abajo, los aspectos auto-educativos que asoman desde la activación espontanea de muchos ciudadanos y desde varios frentes: otras formas de habitar, el consumo, el trabajo, las pequeñas producciones.

La participación desde abajo

Quiero señalar que el riesgo de la retórica de la participación se puede encontrar con más facilidad en los procesos promovidos de forma inducida por las instituciones en su activación pública. Otros problemas, pero no éste, podemos encontrarlos en las formas espontaneas a través de las cuales los ciudadanos se activan de manera colectiva para responder a las necesidades que no encuentra espacio en la oferta pública. Prácticas espontaneas de calificación de las formas de habitar han sido experimentadas (sobre todo en el norte de Europa pero ahora empiezan a difundirse también en Italia) con éxito y toman la forma de “bloques solidarios” (M.Lietaert,2007), de construcciones ecológicas, de bancos del tiempo, (L. Guadagnucci, 2007), de auto-desarrollo, de empresas.

Existe en el malestar de habitar las ciudades una reacción espontanea que no encuentra y no quiere encontrar espacio en la normatividad institucional sino quiere mantener un dialogo con las instituciones en las personas que las encarnan. Hay una red urbana de humanidad que experimenta formas impensadas, crea contextos, se mueve encima de la ley (no en contra) y logra, con una inmediatez impensable para otros sujetos estructurados, responder a las exigencias vitales que, aunque bajo formas todavía indivisibles, tejen contextos que influencian las acciones de los actores socio-económicos, tradicionalmente entendidos, de maneras imprevistas.

En frente de tanta riqueza surgida desde la experiencia colectiva, de las Instituciones y de las prácticas espontaneas, aunque se trate todavía de dimensiones muy pequeñas, emerge de todas formas, y permanece con fuerza, el alto nivel de problematicidad y complejidad que caracteriza el hecho de habitar los contextos urbanos que empuja la mayoría de los ciudadanos a buscar refugio en las respuestas consumidoras individuales para combatir el sentido de inseguridad, la necesidad relacional, la vida sin tiempo que impone la productividad. Probablemente este movimiento hacia el consumo de bienes/servicios refleja una crisis, un replegar de la política de los partidos y de la representación que deja los humanos solos y confundidos y sin redes sociales. Existe hoy quien se pone el problema de devolver a los ciudadanos competencia simbólica y sentido responsable hacia las formas de habitar la ciudad: reactivar la pasión para la acción y los espacios públicos más que una atención hacia los propios espacios privados; reconstruir “comunidades de discurso” orientadas por la pasión para el conocimiento verdadero requiere que se cultive un clima educativo (entre los jóvenes y también entre los adultos) donde se pueda respirar el gusto de la búsqueda, donde poder aprender a permanecer en la incertidumbre sin recorrer rápidamente a la “adquisición” de soluciones predeterminadas (L. Mortari, 2008).

Se trata casi de un “llamado” que llega a participar a acciones ya consumibles, ya disponibles, y que llega también desde la confrontación con las continuas problemáticas cotidianas que la ciudad plantea (trafico, falta de áreas verdes, ausencia de lugares sociales, fragilidad de las relaciones sociales, contaminación, etc.) y a las cuales el dinero no podrá ser siempre la respuesta (coches más chicos, coches más grandes, segunda vivienda en el campo, niñera, dog sitter, compra a domicilio, etc.); ya que sectores cada vez más amplios de la población no pueden permitirse resolverlo todo a través del dinero.

Es un llamado a ser “ciudadanos responsables” capaces de cuidar de sus espacios privados como de aquellos que son públicos y compartidos.

Un fenómeno reciente que encarna profundamente esta “responsabilidad” ciudadana es aquello de las Transition Town, donde grupos de ciudadanos y ciudadanas se organizan en procesos de auto-aprendizaje y se activan para reconstruir una visión compartida de la ciudad. “Transición” porqué existe una conciencia de que el cambio pacifico reside en el día a día. El proceso de aprendizaje, las prácticas educativas, las hipótesis pedagógicas residen en la conciencia de que sólo el análisis de los procesos participativos actuales puede indicarnos el horizonte pero también que el camino es recorrido que se realiza en la cotidianidad.


Referencias

Lucia Bertell, Marco Deriu, Antonia De Vita, Giorgio Gosetti, Davide e Golia. La primavera delle economie diverse, Jaca Book, Mi, 2013

Lucia Bertell, Antonia De Vita, Una città da abitare, Carocci, Roma, 2013

Antonia De Vita, La creazione sociale, Carocci, Roma, 2009

Luigina Mortari (cur.), Educare alla cittadinanza partecipata, Bruno Mondadori, Mi, 2008

Matthieu Lietaert, Cohousing e condomini solidali, Ed. Aam Terra Nuova, Fi, 2007

Lorenzo Guadagnucci, Il nuovo mutualismo, Feltrinelli, Mi, 2007


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