Carlos Rodrigues Brandão: Un sur que ilumina y un norte que se niega a escuchar
- Luis Huerta-Charles, New Mexico State University
- n. 39 • 2025 • Instituto Paulo Freire de España
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Carlos Rodrigues Brandão: Un sur que ilumina y un norte que se niega a escuchar[1]
Luis Huerta-Charles, New Mexico State University
Una visión desde el norte
Debo iniciar reconociendo que estoy escribiendo estas reflexiones desde un país que se empeña en hacer que los tiempos que estamos viviendo sean peligrosos y de oscuridad. Tal vez se ha vuelto común escuchar esta frase, pero lo que está pasando en el mundo, y especialmente en los Estados Unidos, en los últimos meses ha sido terrorífico atestiguarlo. Al mismo tiempo debo reconocer que estoy escribiendo desde la ira que me genera el presenciar que los derechos fundamentales de las personas y de la tierra que habitamos, que se habían conquistado a través de años de lucha social, están siendo eliminados cínicamente por grupos de la extrema derecha que están construyendo consensos sociales que van naturalizando al fascismo como como la forma que guía la organización social, porque mejorará las condiciones de vida de las personas blancas y con valores occidentales.
Lo más preocupante de esto que está pasando es que es una historia que estamos repitiendo, y que ya la vivimos durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, ahora está resurgiendo de nuevo con fuerza y aceptación por grupos nacionalistas y de extrema derecha de la población, como pasó en la Alemania nazi. El filósofo Santayana (1905) expresó que quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo y, desafortunadamente, estamos repitiendo el pasado. Las estrategias que Hitler utilizó y las acciones que cometió antes de iniciar la segunda guerra mundial se están viviendo en los Estados Unidos con el segundo periodo presidencial de Trump, y en algunos otros países como Argentina con Milei, Hungría con Orbán, y previamente Brasil con Bolsonaro, a quien afortunadamente la democracia a través del voto de las personas lo quitó del poder.
Hasta cierto punto es desesperanzador saber que las acciones que están aplicando los políticos neofascistas que están en el poder, afectan los derechos fundamentales de las personas y de nuestra tierra, más porque lo hacen manipulando las leyes para “legalizar” lo que hacen. Los estadounidenses creían que en su país existía la libertad y justicia, donde se respetaban la ley y el orden y, principalmente, nadie estaba por encima de la ley. Por tal motivo se consideraban “autorizados” para llamar a los países en desarrollo como “repúblicas bananeras”, utilizándolo como un adjetivo despectivo para esos países. Sin embargo, con las acciones de Trump, los Estados Unidos ahora son una “república bananera”, que actúa siguiendo principios fascistas, manoseando el sistema legal para lograrlo.
La llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, y las políticas que ahora está implementando, no es un fenómeno que sucedió espontáneamente. Tom Hartmann (2025) señala que desde la década de 1960 la oligarquía empezó a poner las bases para que esto sucediera. Desde el establecimiento del discurso contra el comunismo en la guerra fría contra Rusia y Cuba, fueron invirtiendo en grupos de expertos, los llamados think tanks en inglés, para que fueran brindándoles argumentos y estrategias para convencer a la población de que cualquier reclamo o lucha por justicia y equidad económica y social era igual que llevar a los Estados Unidos hacia el comunismo/socialismo. En estos días, Trump está utilizando el mismo discurso. Si cualquier lucha o reclamo por justicia y equidad económica y social es igual que buscar llevar al país al comunismo, entonces ¿para qué dar esas libertades? ¿Para qué dar elementos al pueblo para luchar por la equidad económica y social? Estados Unidos nunca será un país socialista sigue diciendo Trump (2019), así como lo hicieron los oligarcas desde la década de 1960.
El trabajo de la extrema derecha y los oligarcas desde los think tanks ha sido claramente terminar con los derechos civiles y sociales de la población. En esta segunda administración de Trump, todas las órdenes ejecutivas que ha firmado van en contra de los derechos civiles de las poblaciones que han sido históricamente marginadas como las personas de color, las mujeres, las poblaciones LGTBQ+, y de la Constitución misma. Es por eso que Licata (2025) señala claramente que la visión de esta presidencia es terminar con la diversidad, la equidad y la inclusión. Aún y cuando los Estados Unidos sufren históricamente de un racismo sistémico (Delgado y Stefancic, 2023), las luchas sociales hicieron que se nivelara, aunque fuese un poco, el paisaje de las oportunidades laborales, educativas, y sociales para las poblaciones que han sufrido discriminación. Trump ordenó eliminar la diversidad, equidad e inclusión, en las escuelas, en los centros laborales, en la administración pública y en todas las oficinas de gobierno. Un número significativo de universidades y escuelas públicas, por ejemplo, han eliminado las oficinas de apoyo a la diversidad, equidad e inclusión. Los apoyos para las personas que necesiten educación especial, desaparecieron o disminuyeron drásticamente. Por otra orden ejecutiva se decretó que solo existen hombres y mujeres en el país, así que las personas que no se identifiquen así desaparecieron de cualquier documento legal, proyecto de investigación o servicios a las comunidades.
En el año 2022, la Suprema Corte de los Estados Unidos, con una mayoría conservadora-republicana que apoya las políticas de Trump y su grupo, eliminó el derecho al aborto (sentencia conocida como Roe vs. Wade) que desde 1973 lo hacía un acto legal y un derecho de las mujeres de decidir sobre su cuerpo. A partir de su eliminación, los estados han vuelto a hacer ilegal el aborto, han eliminado los apoyos para clínicas de paternidad y de control de la natalidad, y amenazado con cárcel a los doctores que lo lleven a cabo. Además, en este paisaje de oscuridad, los inmigrantes fueron caracterizados como la amenaza principal de los Estados Unidos por Trump, como hizo Hitler con los judíos en la segunda guerra mundial. De tal modo que fortaleció al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) para identificar, capturar y expulsar a 20 millones de inmigrantes que, de acuerdo con la narrativa de Trump, entraron ilegalmente al país en la administración anterior. ICE ahora tiene hasta el año 2029, un presupuesto siete veces mayor que el FBI y la CIA. Fue tan grande el nuevo financiamiento de ICE que su presupuesto es mayor al financiamiento junto de los ejércitos de Suiza, Brasil y Holanda (Cole y Feng, 2025).
Con ese presupuesto tan elevado, ICE estableció una cuota para sus agentes de 3000 arrestos y al lograrlo se les otorgaría un bono económico que iría desde 1500 a 5000 dólares, por ser productivos. Al mismo tiempo, esto ha llevado a que, con el propósito de alcanzar la meta establecida, se eliminen de facto derechos legales de todas y todos los detenidos, es decir, se eliminó de facto el derecho a una audiencia, el derecho a que se presente una orden de detención que señale claramente el crimen cometido para poder ser detenido, por mencionar solo algunos. Cuando empezaron con más intensidad las redadas en los lugares de trabajo, en la calle, en las escuelas donde los padres esperan a sus hijos, y afuera de las tiendas comerciales, fue esperanzador ver que las comunidades afectadas por las redadas contra los inmigrantes, no solo los Latinos sino Anglos también, salieron a la calle y protestaron. Sin embargo, el presidente movilizó la guardia nacional y los soldados para que salieran a las calles y controlaran a quienes protestaban contra los agentes de ICE. Como dice Hartmann (2005), aún y cuando el ejército fue creado para proteger a la República, ahora está siendo usado para dominarla, someterla. En días recientes, el ejército fue desplegado para tomar la capital del país a fin de combatir el crimen en las calles. Llama la atención de sobremanera, el hecho de que las ciudades que han sido tomadas por el ejército son ciudades gobernadas por demócratas. Sé muy bien que los Estados Unidos no han sufrido las detenciones injustificadas, las torturas, las desapariciones y los asesinatos a manos del ejército como los países de América Latina, es la primera vez que se ha usado el ejército dentro del país, en dos ciudades Los Ángeles y Washington, DC, para someter a la ciudadanía. Tal vez sea una prueba del presidente para probar límites y luego establecer un régimen totalmente autoritario y violento, especialmente por las elecciones legislativas del siguiente año (2026), para no perder el control total que ahorita posee.
Otro derecho civil y social que está siendo demolido por este gobierno es el derecho a la educación. Una de las primeras órdenes que Trump expidió fue el cerrar el departamento de educación a nivel federal regresando, aparentemente, las decisiones sobre educación a los estados y, consecuentemente, a los padres de familia. Sin embargo, varios estados del país no tienen recursos propios suficientes porque dependen del presupuesto federal. Estados como California, Texas y New York proveen con sus impuestos federales ayuda a esos estados. De tal forma que en esos estados “pobres” no se podrá dar el apoyo a niños con necesidades especiales, recursos para programas académicos después de la escuela, se eliminará el apoyo a niños de familias de escasos recursos, y los salones tendrán más alumnos porque no se podrá contratar el mismo número de maestros/maestras. La calidad de la educación en las escuelas, de por sí ya reducida, se verá más afectada. Al mismo tiempo, el currículo ha sido modificado. Por ejemplo, cerca de 20 estados han aprobado iniciativas que prohíben incluir contenidos que el presidente ha catalogado como “ideología Anti-Estados Unidos”; es decir, son contenidos que abordan desde una perspectiva histórica el racismo sistémico que se ha vivido y aún se vive en los Estados Unidos, temas que tengan que ver con diversidad, especialmente con la identidad de género, y temas relacionados con el multiculturalismo. Esto va llevando a que se sigan formando estudiantes que son fácilmente domesticados para vivir en la cultura superficial de la estupidización; es como decir no al pensamiento crítico, porque así no se volverán a unir las minorías para luchar por sus derechos. Poco a poco se va destruyendo la democracia, la equidad y la justicia social.
Un norte que no escucha
En la reunión que recientemente mantuvieron en Alaska Trump y Putin, fue la primera vez que un presidente de los Estados Unidos aplaude la llegada de otro mandatario y menos de un dictador criminal de guerra como Putin es considerado. Tres días después, Trump se reunió con los líderes de Europa y el presidente de Ucrania para analizar las condiciones de la paz para el fin de la guerra Rusia-Ucrania. Trump en su admiración de los líderes autoritarios, favorece las acciones de Putin, en ningún momento no ha declarado que Putin fue quien invadió Ucrania y se ha negado sistemáticamente a imponer sanciones a Rusia por haber comenzado la guerra. Aún y cuando es esperanzador ver la resistencia de personas en las calles y la prensa crítica alternativa en el internet analizando las acciones del presidente, Trump aún tiene control de todo el aparato de poder en los Estados Unidos, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, vía la Corte Suprema de la Nación.
Todavía existe un número considerable de seguidores de Trump y sus ideas, que se niegan a respetar y reconocer los derechos civiles y humanos de las personas. Siguen diciendo que América, como ellos llaman a los Estados Unidos, es para los americanos; obviamente que son las personas anglo, de extrema derecha, que valoran el patriarcado y la colonización como derecho de ellos, promueven sin cesar que respetan los valores occidentales y se denominan cristianos sin en verdad seguir ninguno de los mandatos de su misma religión. Esa es la visión del mundo se está buscando implementar en las escuelas de los Estados Unidos, con la idea de formar personas con un pensamiento ahistórico y acrítico, para que no cuestionen, por ejemplo, por qué Trump aplaudió la llegada de Putin siendo un criminal de guerra, para que no cuestionen por qué se están eliminando los derechos civiles que tratan de brindar justicia y equidad a las poblaciones históricamente marginadas que enfrentan un racismo y discriminación sistémica y que hoy en día se está fortaleciendo. Se quiere tener una población que no escuche los gritos de desesperanza de los oprimidos, que no vea ni sienta las injusticias a fin de que no tengan empatía con los y las otras y así no intenten crear la solidaridad que es tan necesaria para alzar la voz contra las injusticias y el genocidio que se está desarrollando en Gaza en contra del pueblo Palestino por parte de Israel con el apoyo total de los Estados Unidos. En esta campaña de exterminio la mayoría de los que han sido asesinados han sido mujeres y niños, que ya casi alcanza la cifra de 100.000 muertos en Palestina.
En otras palabras, es un norte que no escucha a la diversidad, la equidad, la inclusión, ni a la justicia. Un norte autoritario que quiere seguir diciendo que América (los Estados Unidos) es para ellos y ellas; un norte que, enlazado al capitalismo neoliberal, prefiere destruir la naturaleza y afectar la vida de las personas que perder ganancias económicas, aunque esas ganancias económicas son exclusivamente para unos cuantos que poseen todo y nada para los que no tienen capital. Un norte que se ha vuelto fascista y que niega su propia naturaleza porque, cómo lo dice Díez Gutiérrez (2022), niega ser fascista porque no han construido campos de exterminación como Hitler hizo en la segunda guerra mundial. Un norte que se aferra a unos llamados valores occidentales que se usan para seguir marginando a las grandes minorías que son diferentes; valores occidentales que siguen, de una manera sutil pero directa favoreciendo la colonización y el patriarcado que están íntimamente ligados al capitalismo original (Iborra Mallent, 2023; Issar, 2021; Beckert, 2017).
Carlos Rodrigues Brandão: Un sur que ilumina
En medio de esta locura fascista y autoritaria que se vive en los Estados Unidos, voces sensatas, de sabiduría, son muy necesarias. Giroux (2025) menciona que necesitamos desesperadamente un nuevo lenguaje que pueda capturar la marea fascista que está envolviendo al mundo. Un lenguaje que se libere y nos libere de las narrativas controladas por los medios de comunicación de extrema derecha que han sido un terreno fértil para que florezca sin control los ideales fascistas. Para esto se hace necesario retomar las voces claras y poderosas que nos ofrezcan un lenguaje de claridad política y moral, que nos llene de esperanza para seguir luchando para que esa oscuridad no se vuelva permanente y podamos traer de nuevo los ideales de justicia y equidad para todos y todas, que los gobiernos neofascistas están tratando de acabar.
Una de esas voces claras y poderosas que nos llenan de esperanza es la de Carlos Rodrigues Brandão. Aún y cuando recientemente falleció, en julio de 2023, su voz sigue resonando y debemos escucharla. Escucharlo desde el norte se complejiza porque en los Estados Unidos, Rodrigues Brandão no fue muy conocido. Muy pocos de sus artículos fueron publicados en inglés[2]. La voz de su mentor Paulo Freire fue mucho más conocida en los Estados Unidos que la de él, porque la mayoría de su producción escrita y su influencia personal a través de interacciones en conferencias y talleres se centró en América Latina. No obstante, el valor de sus aportes es muy importante para comprender y develar el asalto que la visión fascista está cometiendo contra los derechos humanos y civiles de las personas.
Rodrigues Brandão, como Paulo Freire y otros educadores críticos de América Latina, se nutrió de experiencias religiosas ligadas a la teología de la liberación. Se formó en la Universidad Católica de Río de Janeiro en donde también fue militante de la juventud universitaria católica durante la década de 1960. Posteriormente ingresó al Movimiento de Educación de Base donde trabajó la cultura popular. Tuvo también que vivir escondido por persecuciones políticas en 1969. Fue en el Movimiento de educación de Base donde conoció el trabajo de Paulo Freire y escribió un libro pequeño, como él le llamaba, “¿Qué es el método Paulo Freire?” Siguiendo los pasos de Freire, Rodrigues Brandão pensó la educación como cultura y pensó la cultura como política. Hacer educación, es hacer un acto político, alternativo, insurgente, latinoamericano, de responsabilidad por la creación de otro mundo, otra sociedad, otros sistemas, de otros destinos de vida. Pensar la educación como cultura. Carlos conoció a Freire hasta 1980 cuando regresó del exilio y le dieron un espacio laboral en a la Universidad de Campinas donde trabajaron juntos.
Desde sus trabajos sobre educación popular y la investigación acción participativa, Rodrigues Brandão trabajó temas relacionados a la diversidad, equidad y la justicia social. Estas ideas nos permitirán tener una comprensión más elaborada para denunciar los actos fascistas que oprimen a las minorías en los Estados Unidos y en el mundo, que en realidad son la mayoría de la sociedad ya que muy pocos tienen mucho y la gran mayoría tiene poco. Son una gran mayoría desfavorecida y sin poder, pero tienen que aprender el poder mismo.
Rodrigues Brandão promueve la propuesta de Freire y defendió una educación que parta de la realidad del oprimido y les fomente la conciencia crítica. Mantuvo la idea de la educación dialógica que respeta los conocimientos, los contextos y la cultura de los participantes, aprendiendo juntos. Cuando desarrolló su visión de la investigación acción participativa, con muchas coincidencias con Fals Borda, se enfocó también en la democratización de conocimiento, cuestionando y rompiendo con la lógica académica positivista, elitista, y siempre trató de potenciar los saberes populares, locales, para dignificar y rescatar las culturas marginadas.
Si en el norte que no escucha se trata de eliminar la diversidad, la equidad y la justicia social, Rodrigues Brandão nos señala que la educación debe reconocer y valorar las múltiples culturas, lenguas y formas de vida presentes en los pueblos. Abrirse a la pluralidad de saberes, que no sea valore solamente los conocimientos derivados de occidente, sino que se incluyan especialmente los saberes comunitarios y ancestrales. La diversidad nunca debe considerarse como un obstáculo sino como una riqueza pedagógica, porque todos nos educamos juntos en la diferencia. Esto da fundamento a una pedagogía intercultural, donde las voces marginadas —indígenas, campesinos, mujeres, trabajadores— son parte activa en la construcción del conocimiento.
La equidad es un concepto que este norte sordo quiere eliminar y lo usa como lo que se ha dado a llamar un “racismo a la inversa,” porque justifica que las instituciones fallan se ha dejado que las minorías —mujeres, personas de color, o con necesidades especiales— ingresen como una cuota que se cumple, y dejan fuera a los mejores —especialmente a los blancos—. Sin embargo, Rodrigues Brandão relaciona la equidad como el dar lo necesario a cada uno/una para alcanzar la dignidad y vivir dignamente. Debemos, por lo tanto, enfocarnos en compensar las desigualdades históricas que afectan a las minorías excluidas a través de una educación liberadora que los y las lleva a tomar consciencia de su realidad para transformarla conjuntamente. Esto hace ver una influencia importante de Freire en su pensamiento. Ahora que los Estados Unidos cierra el Departamento de educación a nivel federal, reduciendo significativamente el presupuesto que se otorgaba a fin de solventar la reducción de impuestos que se dio a las personas más ricas del país, la voz fuerte y clara de Rodrigues Brandão cobra más sentido porque para él la equidad implica la redistribución del poder y del conocimiento, no es solamente el acceso a la escuela. La educación es un derecho colectivo, es parte de una práctica de construcción de la democracia. Es por eso que la democracia siempre está en riesgo cuando líderes autoritarios toman control de los países.
Si la educación respeta, valora y fortalece la equidad y la diversidad, entonces debe ser uno de los pilares de la lucha social contra la opresión y la exclusión. De tal forma que debemos seguir insistiendo, constantemente, en considerar la lucha por la justicia social como la capacidad de transformar la estructuras sociales y sistémicas injustas, con el propósito de construir sociedades más solidarias, que partan de valorar los conocimientos de las comunidades y el respeto por la naturaleza. Siguiendo a Freire y la teología de la liberación, debemos decir que, si la educación nunca es neutral, siempre está comprometida porque su opción preferencial es por los pobres y la construcción de un proyecto emancipador. Esto sigue siendo un reto tanto para los sistemas educativos como para la iglesia misma, pero el desafío sigue siendo el esfuerzo constante por construir, pero sobre todo mantener la justicia social en el mundo.
El sur que ilumina y el norte tiene que empezar a escuchar
Me parece necesario cerrar este escrito con el propósito, tanto personal como profesional, de que es necesario promover con insistencia y determinación en el norte que no quiere escuchar el proyecto de mundo y de la educación que Carlos Rodrigues Brandão delineó. Paulo Freire es un autor reconocido en los Estados Unidos como uno de los pilares de la pedagogía crítica norteamericana, aún y cuando sus escritos originales, empezando por el libro que le dio fama mundial la Pedagogía del Oprimido no lo escribió pensando en la pedagogía crítica como campo disciplinario, sino en la cultura y la educación popular que era la búsqueda de la construcción de una educación liberadora desde sur. El norte sigue abrazado, muchas veces sin darse cuenta o sin buscarlo, a una visión colonizadora en la academia, en el sentido de que los autores del norte son los más reconocidos internacionalmente. Es importante señalar que no se trata de restarle importancia o ignorar los planteos críticos que ellos aportan, sino de abrir también los espacios académicos a autores que desde el sur iluminan al norte que no escucha; autores que vivieron una praxis entre sangre, fuego, persecuciones, exilios y asesinatos y que sin embargo sus voces siguen resonando con fuerza. Además de Paulo Freire, debemos considerar a autores como Carlos Rodrigues Brandão, Ignacio Ellacuría, Frei Betto, Orlando Fals Borda, Marco Raúl Mejía Jiménez, Alfonso Torres Carillo, Rolando Pinto Contreras, Fabián Cabaluz Ducasse, Piedad Ortega Valencia, Lola Cendales González, Ignacio Martín-Baró, entre muchos otros que han ido marcando el camino para leer la realidad de nuestramerica y plantear alternativas de transformación.
Referencias bibliográficas
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Cole, B. y Feng, J. (2025/julio 3). ICE Budget Now Bigger Than Most of the World's Militaries. Newsweek. Tomado del internet de: https://www.newsweek.com/immigration-ice-bill-trump-2093456.
Delgado, R. y Stefancic, J. (2023) Critical Race Theory: An introduction. 4a. edición. New York University Press.
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Rodrigues Brandão, C. (2022a). Alrededor del fuego Escritos sobre la educación popular y lo popular dentro de la educación. Editorial Laboratorio Educativo.
Rodrigues Brandão, C. (2022b). Ellos, nosotros, entre-nosotros. Nueve escritos breves sobre la experiencia de investigación como un encuentro entre personas. En Marco Raúl Mejía (Coord.), Investigar desde el Sur: epistemologías, metodologías y cartografías emergentes. Ediciones desde abajo.
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Este articulo presenta una revisión de la importancia de las ideas de Carlos Rodrigues Brandão en el contexto del capitalismo fascista neoliberal tomando como eje de análisis las situaciones que se están presentando en los Estados Unidos. ↑
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En una búsqueda en el servidor ScieLO y ChatGPT, solo dos artículos en inglés fueron encontrados: uno sobre investigación acción participativa y otro sobre identidad religiosa como estrategia simbólica en Brasil. ↑














