Memorietas: memorias gráficas del Barrio Municipal (Montevideo, Uruguay)
Mayda Burjel Verstraete, Universidad de la República y Complejo SACUDE, Uruguay
Andrea Moreira Ifran, Universidad de la República y Complejo SACUDE, Uruguay
Carlos Mesa Zugarramurdi, referente comunitario del Complejo SACUDE, Uruguay
Resumen
El presente artículo sistematiza la experiencia Memorietas: memorias de un barrio, un proceso participativo que derivó en la creación de un producto editorial que reúne memorias colectivas del Barrio Municipal (Montevideo, Uruguay) en formato de historias gráficas. Primeramente, a modo de introducción, se ubica la experiencia y se detallan los antecedentes que le dieron impulso; posteriormente se realiza una descripción detallada de la metodología utilizada y finalmente se comparten reflexiones y aprendizajes del proceso transitado.
Palabras clave: memorias colectivas, historias gráficas, sistematización, diseño participativo
El punto de partida
Memorietas: memorias de un barrio es el título de un libro que relata en formato de cómic o historieta memorias colectivas del Barrio Municipal. El producto editorial fue elaborado por un grupo motor integrado por vecinas, vecinos y técnicas en comunicación del Complejo Municipal SACUDE, Montevideo, Uruguay.
El complejo es una iniciativa sociocomunitaria de gestión compartida (entre el gobierno de la ciudad y referentes vecinales) y está ubicado en la cuenca de Casavalle, una zona periférica de la ciudad de Montevideo, la capital del país. Su misión es “promover la participación comunitaria desde un proyecto cogestionado, con un enfoque de derechos y equidad social, como medio de transformación individual y colectiva para las personas de la cuenca de Casavalle, Municipio D y ciudad de Montevideo” (de acuerdo con el sitio web del complejo). SACUDE emerge en 2010 por impulso de la ciudadanía organizada, con el apoyo de técnicas y técnicos que trabajaban para la Intendencia de Montevideo, y es heredera de una larga tradición de participación vecinal. Antes de ser SACUDE, el lugar fue sede de la Comisión Pro Fomento del Barrio Municipal Instrucciones (desde 1941) y a partir de 1996, alojó a una policlínica comunitaria, centro de atención primaria en salud. La construcción del complejo, que incluyó la ampliación y mejora de las instalaciones existentes, estuvo enmarcada en una intervención socioterritorial más amplia destinada a regularizar un conjunto de asentamientos precarios. La intervención implicó obras de infraestructura en el mejoramiento de viviendas preexistentes y construcción de nuevas áreas para tales fines, así como el mejoramiento de espacios públicos (Álvarez Pedrosian y Burjel Verstraete, 2025).
Los orígenes del complejo y la forma de gestión permiten caracterizar a SACUDE como una iniciativa de gobernanza colaborativa público-comunitaria, que surgió por irrupción (Blas e Ibarra, 2006), de abajo hacia arriba. Se trata de una gran infraestructura social (con canchas, centro de salud, teatro, salones, etc), que contribuye a fomentar vínculos cara a cara que cimentan la vida pública (Klinenberg, 2021), vínculos que favorecen la vertebración comunitaria y posibilitan arraigar la democracia (Ahedo, 2022).
Imagen 1. Evolución de las fachadas de lo que fue el salón de la Comisión Pro Fomento del Barrio Municipal Instrucciones y que luego devino en el Complejo SACUDE. Fuente: Elaboración propia. Autoría de Andrea Moreira.
Los relatos que toman forma de historietas en las Memorietas están relacionados con hitos barriales identificados colectivamente en una investigación participativa anterior, que tuvo como objeto de estudio a la participación en una iniciativa comunitaria y que tiene como estudio de caso al Complejo Municipal SACUDE (Burjel Verstraete, 2024). En el marco de esta investigación se analizó el devenir del proceso participativo a través de las memorias barriales, se identificaron etapas y se analizó qué formas adoptó la participación en cada una, buscando extraer aprendizajes para la iniciativa en cuestión y otras similares. Este proceso fue liderado por un grupo motor, el cual planificó y llevó adelante encuentros de creatividad social (Red Cimas, 2015) que convocaron a un centenar de vecinas, vecinos y personal técnico vinculado a la iniciativa. Las historias orales que emergieron de los encuentros fueron registradas y posteriormente se ordenó la información definiendo cuatro épocas temporales en la que se articulan las memorias del barrio desde su creación en 1941 al 2023. Las etapas fueron definidas a través de acuerdos arribados en el grupo motor y en función de cambios significativos de la vida comunitaria que aparecían repetidamente en las memorias barriales.
Este trabajo colectivo motivó la creación de dos productos, que fueron resultado de dos nuevos procesos participativos: las Memorietas y el libro Tramos de una trama: memorias del Barrio Grande (2024), dirigidos a públicos distintos. Las Memorietas nacen con el objetivo de poner las memorias colectivas en diálogo con niñas, niños y adolescentes teniendo en cuenta que quienes habían sido convocados en el proceso anterior de recuperación de hechos, anécdotas y vivencias del barrio eran fundamentalmente personas adultas y adultas mayores. Considerando que el formato cómic es uno de los primeros formatos a los que niños y niñas se acercan a la lectura y que este continúa siendo atractivo para la infancia y adolescencia, se decidió emprender un nueva investigación participativa con las historietas como mediadoras de diálogos intergeneracionales. El proceso fue liderado por un nuevo grupo motor y se presentó como trabajo final de grado de la carrera Licenciatura en Diseño de Comunicación Visual de la Facultad de Arquitectura, diseño y urbanismo de la Udelar (Moreira Ifran, 2023).
En cuanto a la segunda publicación, Tramos de una trama. Memorias del Barrio Grande está destinada a un público adulto. Se trata de un libro de mayor extensión en el que se recogen las memorias colectivas del Barrio Municipal y alrededores en distintos formatos y lenguajes (relatos breves, fotografías, líneas de tiempo colaborativas, podcast, videos, entre otros). Las Memorietas, en las que se centra este artículo, también son parte de esa publicación.
Imagen 2. Libro Memorietas: memorias de un barrio
Fuente: Elaboración propia. Autoría de Andrea Moreira.
Memorias en acción
Las historias que se cuentan en las Memorietas son fruto de un ejercicio de memoria colectiva. En los encuentros de creatividad social mencionados anteriormente las personas participantes identificaron hitos barriales e hitos de la participación, y en el intercambio fueron (re)construyendo colectivamente esos acontecimientos. Se evocaron huellas, marcas del pasado, atendiendo fundamentalmente a los sentidos que las y los protagonistas dan a lo que aconteció (Jelin, 2002). Memoria e historia están íntimamente ligadas, pero no son lo mismo. La memoria surge de las personas que experimentaron los hechos, y está en permanente movimiento. Dice Nora que la memoria es “abierta a la dialéctica del recuerdo y de la amnesia inconsciente de sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones, susceptible a largas latencias y repentinas revitalizaciones” (Nora, 2008, p. 21).
La memoria, como fenómeno colectivo, retiene del pasado “sólo lo que aún está vivo o es capaz de vivir en la conciencia del grupo que la mantiene” (Halbwachs, 2004, p. 214). Recordamos con otros y otras, y al hacerlo, transformamos los recuerdos. Las memorias están en permanente movimiento, y a la vez, influidas -aunque no determinadas- por los marcos sociales que nos habilitan a hacerlo (Jelin, 2002; Halbwachs, 2004). Interrogamos los recuerdos, el pasado, desde el presente, desde lo que somos hoy. Es por ello que recordar es un acto, una acción de reconstrucción, no en el sentido de volver a dar forma a lo que fue, sino de dar una nueva forma, construir nuevamente y dotar de sentido a lo que aconteció. Así entendida, la acción de recordar es en sí misma una acción social transformadora (Vázquez, 2001).
Los relatos que el grupo motor de las Memorietas eligió contar están vinculados a vivencias cotidianas y refieren a la vida barrial, a las formas de habitar el barrio y de vincularse entre sus habitantes. Se seleccionaron acontecimientos de las cuatro grandes etapas identificadas previamente: La Isla (1941-1970), momento fundacional del barrio marcado por las primeras olas poblacionales; Luces en las sombras (1970-1990), ligada al período dictatorial, momento en el que, a pesar de las restricciones para reunirse, el barrio encontró alternativas para no dejar morir la participación; Del elefante blanco a la hormiga atómica (1990-2010)[1], un período de grandes movimientos en el barrio marcado por el resurgimiento del “salón del Municipal” como centro barrial, la creación de la policlínica comunitaria Los Ángeles y el proceso de regularización de asentamientos que da lugar a la construcción de SACUDE y Comunidad en movimiento (2010- 2023), relativa al devenir del proyecto SACUDE desde su surgimiento.
Cada historieta que se incluye habla del barrio, de cómo se recuerda que era y cómo se percibe hoy. De cuando era habitado por pocas personas y todas se conocían, de los intercambios de producción de las huertas familiares, de las agrupaciones barriales que marcaron fuertemente las prácticas participativas como la Agrupación Scout Vanguardia, de cómo se enteraban de lo que pasaba en el barrio. En resumen, de cómo se resolvían las necesidades y problemas colectivos, que no son tan distintas a las necesidades y problemas actuales, aunque haya otras formas de darles respuesta. Se eligió destacar ciertas formas de ser y estar, de habitar el barrio, que priorizaran los vínculos y la búsqueda de soluciones colectivas a estas necesidades. Situaciones que permitieran, a su vez, abrir nuevos diálogos con la actualidad.
Estas formas de ser y estar están vinculadas íntimamente a las identidades barriales (en plural). Reconstruimos el pasado apelando a lo que tenemos en común. Construimos relatos sobre las experiencias compartidas que configuran “comunidades de sentido fundacionales de identidades” (Rodríguez, 2013, p. 156). Relatos que construimos y que nos construyen.
Formas del hacer
Como fue mencionado, el proceso participativo que derivó en las Memorietas estuvo guiado por un grupo motor el cual se conformó como un espacio de “co-decisión estratégica sobre el proceso en colaboración” (Arnanz et al., 2023, p.36). Quienes integraron el espacio venían de una experiencia similar previa, un anterior grupo motor, lo que facilitó la tarea en la medida que existían vínculos cercanos y de confianza que posibilitaron el aprendizaje conjunto a partir de una vivencia vinculada a una praxis concreta (Arnanz et al., 2023; Freire, 2016). La nueva configuración grupal hizo que los vínculos adquirieran un nuevo sentido y se recrearan en torno a un objetivo común, en un espacio nuevo, en el que fue central el tiempo para el disfrute y compartir momentos lúdicos.
La creación de las Memorietas tuvo tres fases. En la fase primera se seleccionaron colectivamente los relatos o memorias del barrio que se querían contar y posteriormente una vecina o vecino se encargaba de escribir el relato breve en forma de historia. En la segunda fase la diseñadora creaba, a partir del registro visual de la época, un cómic o historieta gráfica que representara las ideas que se querían transmitir. Esta instancia tenía una retroalimentación centrada en las imágenes, se definían colectivamente ideas visuales que ayudaran a la diseñadora en la tarea. En la tercera fase se realizaba la devolución de la pieza (en este caso cómic) al grupo motor para realizar una evaluación final. Luego de la realización de cada cómic o historieta gráfica había un intercambio que generalmente ocasionaba ajustes en los textos e imágenes, de manera de lograr que las representaciones fueran fieles a la realidad que se narraba. Estos encuentros funcionaban como conversaciones abiertas, con los bocetos en mano, en los que dialogaban los saberes técnicos y populares permitiendo enriquecer el producto final.
Imagen 3. Ejemplo del proceso de elaboración de una memorieta.
Fuente: Trabajo final de grado de Andrea Moreira (2023).
La referencia principal del proyecto, y las líneas de investigación utilizadas, están inspiradas en los trabajos realizados por Orlando Fals Borda en la década del 70 con el grupo denominado La Rosca, y en particular, en la experiencia vinculada a la elaboración de historias gráficas en la que tuvo un rol clave el ilustrador Ulianov Chalarka. Estos productos tenían por objetivo recuperar y sistematizar las memorias históricas relacionadas a la tenencia de las tierras, el despojo y la organización de los movimientos campesinos a lo largo del siglo XX, como herramienta de acción política y social.
Tres principios clave en la investigación acción, como metodología de investigación desarrollada por este grupo, fueron la recuperación crítica de la historia, la devolución sistemática y la participación (Rappaport, 2021), los que también guiaron a las Memorietas como proceso. Asimismo, en la elaboración de las historietas gráficas de La Rosca fue central el concepto de imputación que refiere a la forma de crear los relatos gráficos dando prioridad a la credibilidad más que a la exactitud histórica fruto de un esfuerzo por reimaginar el pasado y transformarlo en “una herramienta que permitiera incidir en el futuro” (Rappaport, 2021, p.69). Para ello era clave emplear detalles del pasado que crearan vínculos afectivos entre el lector y los personajes. En las Memorietas, se apeló a lugares y personajes reales que fueran reconocibles y posibilitaran el reconocimiento y los vínculos afectivos.
Imagen 4. Anclajes visuales a partir de fotografías históricas del barrio.
Fuente: Trabajo final de grado de Andrea Moreira (2023).
La utilización de estos recursos en los cómic permite dotar a la memoria de una dimensión espacial y, a la vez, una temporal que está dada tanto por la forma en la que se presentan las imágenes (la vestimenta, la aparición de objetos que ya no se utilizan o construcciones edilicias que ya no están) como por el recurso de las viñetas, que prevé la multiplicidad de tiempos en una negociación implícita entre el lector y el conjunto “texto-imagen” (Catalá-Carrasco et al., 2019). Las líneas de las viñetas cambian el escenario y permiten trasladarse para adelante y atrás en el tiempo, lo que además se ve reforzado en las Memorietas a través de aclaraciones textuales, permitiendo ubicar a quien lee.
En lo que respecta a la devolución sistemática es posible identificar distintas dimensiones en la investigación. Una primera dimensión refiere a la interna del grupo motor, y a cómo se sucedieron, como ya se especificó, las sucesivas devoluciones en la fase de creación de las memorietas, una segunda, en la que estas se compartían con otras grupalidades, para abrir nuevos diálogos y para crear nuevas historias. Y una tercera, en la que se realizó la presentación del producto editorial.
Cuando las historietas estuvieron listas se generaron espacios de encuentro con niños, niñas y adolescentes para poder compartirlas. Se realizaron talleres con grupalidades de niñas y niños del Complejo SACUDE y otros con el grupo de Animación Sociocultural integrado por adolescentes y jóvenes. Los encuentros permitieron ampliar las historias, conocer el pasado, abrir diálogos sobre el habitar barrial actual y crear nuevos relatos en distintos formatos vinculados a sus vivencias barriales.
Imagen 5. Fotografías de los talleres realizados con niñas, niños y adolescentes.
Fuente: Trabajo final de grado de Andrea Moreira (2023).
Finalmente, se elaboró el producto editorial Memorietas: memorias de un barrio que no solo incluyó las historietas realizadas por el grupo motor, sino algunas de las elaboradas en los talleres. El producto editorial, concebido como material educativo, contiene un apartado sobre cómo construir una memorieta -titulado Haciendo memoria- el cual procura estimular a seguir contando memorias e historias, seguir abriendo diálogos que fortalezcan la trama vincular barrial, y permitiendo visualizarnos como protagonistas de los espacios que habitamos con posibilidad de transformarlos. Los sentidos construidos colectivamente a través de los relatos, de los cuentos que nos contamos, permiten significar el espacio público como lugar (Álvarez Pedrosian, 2019), del que somos parte y podemos dar forma a través de la participación (Montañés, 2020). Esa es la apuesta de las Memorietas.
La presentación del libro se realizó en dos jornadas en los meses de octubre y noviembre de 2023. La primera se realizó en el marco del Día del Barrimonio, una celebración en la que anualmente SACUDE festeja el patrimonio barrial. En esa oportunidad, las Memorietas se presentaron en una exposición en un espacio público contiguo al complejo. La actividad estuvo acompañada de actividades lúdicas y de una fonoplatea radial en la que se invitaba a las personas presentes a compartir sus relatos sobre el barrio. En noviembre, se realizó la presentación oficial en el teatro del Complejo, de la que participaron más de un centenar de personas. En el evento se contó el camino recorrido y se entregaron ejemplares. Al cierre de la presentación se abrió el micrófono para compartir comentarios, los cuales no tardaron en llegar: hubo agradecimientos por el trabajo, sorpresas al reconocer en las Memorietas a personas y lugares con los que tenían vínculos cercanos y sobre todo, nuevos relatos barriales, que podrían dar lugar a nuevas historietas.
Las repercusiones también llegaron en forma de versos. Una vecina y cantautora, María Elena Melo, compartió lo siguiente al grupo motor días posteriores a la presentación:
Con los recuerdos estamos vivos
ellos son parte de nuestro destino
que las memorias estén presentes
son el futuro de toda la gente
las memorietas ya están plantadas
son luz, son vida y están dibujadas
el trazo memorioso de lo vivido
con amor y colores no habrá olvido.

Imagen 6. Fotografías de las dos jornadas de presentación de las Memorietas.
Fuente: Elaboración propia. Autoría de Andrea Moreira.
Sentires y pareceres. Reflexiones abiertas
Las reflexiones que se desarrollan a continuación son miradas a distintos tiempos y sobre distintos aspectos del proceso. Cabe detenerse en primer lugar en lo que respecta al grupo motor, el cual funcionó como un espacio genuino de diálogo y creación colectiva, donde los saberes populares y técnicos se conjugaron para transformar los relatos orales en historietas. Consideramos que fue una experiencia transformadora, tanto a nivel colectivo como a nivel individual, como lo ilustra este relato escrito por Carlos Mesa, uno de sus integrantes, que lleva por título Memorieteando ando:
El gusto por escribir lo heredé de mi madre. Ella no tuvo oportunidad de ir a la escuela. Hija mayor de 10 en una familia de campesinos humildes, su misión era la de ayudar en las tareas de la casa, atender a los hermanos, ordeñar, alimentar a las aves de corral y cerdos, etc. Aprendió a leer con una de sus hermanas y “ensayaba” con cada papel escrito, diario o revista que le llegaba, y me lo transmitió en sus cromosomas y su ejemplo.
En mi infancia y adolescencia mis regalos eran libros. En los estudios: matemáticas y ciencias apenas suficiente, pero en idioma, literatura, historia y todo lo de memorizar letras excelente. Más tarde tuve el privilegio de trabajar 26 años en la más antigua y mayor librería del país. Como pez en el agua.
De tanto leer me brotó a borbotones la necesidad de escribir. Por eso cuando me llegó la invitación a ser parte de un equipo para construir un cómic mi alegría fue como la de un perro con dos colas. Tenía experiencia de haber participado en boletines barriales, pero ¡un libro! Era casi tocar el cielo con las manos… y más aún si los textos serían memorias de hechos o acontecimientos ocurridos en el barrio donde habito hace más de 70 años.
Lo que no me sonaba muy apreciable era lo de cómic.
- Yo “estoy grande”, hablo castellano, siempre lo llamé historietas. ¿Por qué no Memorietas? Gustó y quedó.
Mi tarea fue rememorar la historia y relatar historias (reales o ficticias) dejando espacios en blanco para la ilustración.
- Eso sí, no me pidan que dibuje. Si trato de hacer un perro puede parecerse a un ovni con cola y patas.
Hoy, al evocar esta experiencia me siento tan emocionado, conmovido y agradecido que debo cerrar aquí este relato porque se me empaña la visión y me tiembla el pulso.
Llevar adelante la tarea grupal no fue sencillo. La definición sobre qué historias se contarían y cómo, qué título llevarían y cómo compartirlas con otras y otros de forma atractiva conllevó reflexiones y negociaciones grupales. En ciertas fases del proceso grupal se definió solicitar apoyo de personas externas al grupo que devolvieran nuevas miradas que, a su vez, dieran lugar a nuevas reflexiones. En este sentido, fueron claves los aportes de una docente con basta experiencia en procesos de lectura y escritura y los de las talleristas referentes de los grupos de niñas, niños y adolescentes con los que se trabajó. Los comentarios recibidos provocaron nuevos ciclos de reflexión acción, nuevos aprendizajes, que repercutieron en el producto final elaborado y en los talleres realizados, a la vez que alimentaron las conceptualizaciones sobre la participación y la investigación participativa de otra de las investigaciones en curso (Burjel Verstraete, 2024).
El grupo motor también reflexionó críticamente sobre el acto mismo de recordar. Conversamos sobre cómo funciona la memoria, sobre cómo recordamos, sobre las elecciones que siempre están presentes al momento de recordar, seamos conscientes o no, y de las elecciones que estábamos tomando colectivamente al construir los relatos que serían parte de las Memorietas. Experimentamos la potencia de generar encuentros para recordar experiencias compartidas y percibimos cómo, frecuentemente, los relatos ocultan episodios negativos o conflictos. Pudimos vivenciar cómo se renuevan los sentires, y las esperanzas, al respecto de la acción colectiva cuando quienes fueron protagonistas relatan cómo lograron sortear dificultades (como el robo de los insumos para el campamento días antes de irse), o cómo toman forma deseos colectivos (como cuando un grupo de vecinas y vecinos construyó una maqueta proyectando un espacio que deseaban tener en el barrio, lo que finalmente ocurrió). Todas estas son historias que se cuentan en las Memorietas.
Hay también otras historias que refieren a las pequeñas acciones que construyen los vínculos cercanos, que hacen a formas de convivencia que posibilitan que luego tengan lugar las acciones colectivas. Hay una memorieta que tiene por escenario a la calle, y muestra una conversación cotidiana entre vecinas, y otra que cuenta cómo tres mujeres, una médica y dos referentes comunitarias, decidieron crear un grupo para personas mayores que fuera un espacio de encuentro para “disfrutar la vida junto a otras personas”. No es casual que las protagonistas de estas acciones sean mujeres. Suelen ser mujeres quienes construyen tramas barriales, a través de “acciones y saberes cooperativos que anidan en las más íntimas e inmediatas relaciones de producción de la existencia cotidiana” (Gutiérrez, 2017, p. 34).
Las Memorietas fueron el medio para poner en valor estas prácticas, y para estimular conversaciones sobre el habitar barrial, las memorias y la acción colectiva. El libro fue mediador de conversaciones, de aprendizajes y motor de participación, tanto por su proceso de diseño participativo, como por la temática que atraviesa sus contenidos, las invitaciones incluidas en el producto editorial y por los dispositivos diseñados para poner las memorias en acción: los talleres y presentaciones. La última página de las Memorietas está en blanco salvo por una palabra: “Continuará”. Deseamos que este producto comunicacional siga estimulando las memorias y contribuyendo a entrelazar experiencias que construyan caminos en común.
Referencias bibliográficas
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Los nombres de las etapas refieren a frases de vecinas y vecinos y anécdotas relacionadas a cada etapa. El nombre “Del elefante blanco a la hormiga atómica” alude a que mientras estaba en construcción el gran edificio de SACUDE, el equipo técnico que llevaba adelante la obra temía que se convirtiera en un elefante blanco, un gran espacio vacío. En respuesta a esta expresión, surgió otra por parte del vecindario: la hormiga atómica, en referencia al trabajo permanente y desde abajo. ↑