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Educación para las Paces, en la Perspectiva de Paulo Freire

Educación para las Paces, en la Perspectiva de Paulo Freire

Education for Peace, in the Perspective of Paulo Freire

Rodiel Rodríguez Díaz[1]

Mario Hernán López Becerra[2]

Resumen

El sistema educativo se ha consolidado como un esfuerzo continuo de humanización, que sistemáticamente se enriquece, con los aportes y reflexiones, se han forjado en la historia. Ahora bien, con el ánimo de abonar a tal reflexión acerca de la humanización, el presente apartado, se centra en dialogar con algunas tesis de los estudios de paz, en el marco de una paz positiva (construcción de los sentidos, y agenciamientos sociales) e imperfecta (proceso inacabado de renovación de las voluntades y acuerdos para superar una situación problema), es decir que, inicialmente se toma distancia de las nociones de paz negativa (comprendida como ausencia de violencias hibridas), a tal esfuerzo se le ha de sumar los aportes de la pedagogía latinoamericana y en especial, algunas consideraciones del educador Pablo Freire (1990), en su abordaje por anunciar un modelo de educación liberadora, que facilite la transformación social, desde la emancipación del sujeto pedagógico. En este sentido la ruta parte de una breve contextualización, en el cual se decanta la justificación y objetivo de la reflexión, que posteriormente se cimienta en el marco teórico, con la dinámica conceptual entre los aportes de la educación para las paces (se toma el concepto en plural, como reconocimiento de las diversas construcciones que se han generado) y los aportes de Freire, en iniciativas como el diálogo, la concientización y transformación social, argumentos que vitalizan algunas de las reflexiones actuales, “frente a las crisis globales y la responsabilidad que desempeña la educación” (Rodríguez, 2024). En síntesis, la presentes letras intentan abonar a la meditación de una educación para las paces, que, en medio de un mundo marcado por profundas agudas desigualdades y violencias estructurales, se presenta como un potente camino para asumir los desafíos actuales. El pedagogo Paulo Freire, ofrece a contraluz, consideraciones esenciales para comprender y transformar las realidades opresivas a través de la educación, por ser un enfoque que se fundamenta en el diálogo, la concientización como cimientos para la construcción de paces.

Palabras claves: educación para las paces, pedagogía, liberación, transformación.

Abstrac

The educational system has been consolidated as a continuous effort toward humanization, systematically enriched by the contributions and reflections forged throughout history. With the aim of contributing to this reflection on humanization, this section focuses on engaging with some theses from peace studies within the framework of **positive peace** (construction of meaning and social agency) and **imperfect peace** (the ongoing process of renewing wills and agreements to overcome problematic situations). Thus, it initially distances itself from notions of **negative peace** (understood as the absence of hybrid forms of violence). To this endeavor, the contributions of Latin American pedagogy are added, particularly some considerations of the educator Paulo Freire (1990) in his approach to envisioning a liberating model of education that facilitates social transformation through the emancipation of the pedagogical subject. In this sense, the pathway begins with a brief contextualization, outlining the justification and objective of the reflection, which is subsequently grounded in the theoretical framework. This framework explores the conceptual dynamics between the contributions of education for peaces (the concept is used in the plural to acknowledge the diverse constructions that have emerged) and Freire's contributions in initiatives such as dialogue, conscientization, and social transformation (Rodríguez, 2024). These arguments invigorate current reflections on global crises and the responsibility that education holds. In summary, these reflections aim to contribute to the contemplation of education for peaces, which, in a world marked by profound inequalities and structural violence, emerges as a powerful path to addressing contemporary challenges. The pedagogue Paulo Freire offers, in contrast, essential considerations for understanding and transforming oppressive realities through education, emphasizing dialogue and conscientization as foundations for building peace.

Key words: education for peaces, pedagogy, liberation, transformation.

A manera de apertura

El pedagogo Paulo Freire (1967) en su obra: la educación liberadora, fundamenta que la educación es el sistema por excelencia, que potencialmente promueve transformaciones de raíz, es un acto netamente político, por tanto, la renovación de las políticas educativas es fundamental para garantizar el desarrollo de la persona y el colectivo. En el campo de la educación, el horizonte nos invita siempre a contribuir al perfeccionamiento estructural del hombre en cuanto hombre, a juicio de Fernando Savater (1996) citando a Graham Greene; “nacemos humanos, pero eso no basta. Además, tenemos que llegar a serlo”.

Para Paulo Freire, es sustancial ir más allá de los aspectos metodológicos de una propuesta de alfabetización, es necesario entonces abordar el problema a raíz, así como una determinación estructurada de la condición del hombre, que tiene extensas posibilidades y perspectivas de mejora en medio de un mundo cambiante. La educación para las paces, ancla su apuesta en la base del diálogo, un dialogo constante con el otro y los otros (Rodríguez & Leite, 2024), que lo desestabiliza de su zona de confort, le hace cuestionar el sentido común, lo predispone a constantes revisiones, autoanálisis y reflexiones, para desbordar en los descubrimientos, a una cierta rebeldía y resistencia ante el poder y el fetichismo del poder (Dussel, 2006), en consecuencia, se trata de un dialogo que reconfigure el sentido más humano; generando rasgos “identitarios, tanto como el fin, los métodos y procesos científicos” (Freire 2009, p.85), elementos claves que circulan en los procesos de formación.

Una ruta de la educación para las paces, pensada desde el diálogo, en perspectiva freiriana, debe permitir a la comunidad educativa, reconocer las formas en que los problemas de sus realidades cotidianas poseen "coherencia y conexión interna" con las violencias: culturales, estructurales, simbólicas, hibridas, que perpetúa las condiciones de desigualdad y opresión, y a la vez es esencial comprender que las posibles soluciones a estos problemas, conlleva implícita la necesaria lucha contra el sistema, y las formas de opresión por su transformación radical, con ello no se justifica que se deba sustituir las instituciones y los sistemas que componen, sino luchar por su mejora.

Por ello, la educación para las paces, desde la reflexión Freire (2007), se debe asociar íntimamente a un proceso de una "autoemancipación" independiente a las estructuras dominantes, y se ha de plantear como tarea fundamental la transformación de las violencias en que se hallan inmersos, para establecer unas relaciones verdaderamente humanas, pues en el espíritu Freiriano; la emancipa se inicia a provocar cuando se develan las procedencias de la alienación.

La educación para las paces en perspectiva freiriana, invita a asumir críticamente el desarrollo de la discusión en torno al devenir del mundo, en unión a la historia concreta de nuestros pueblos, a sus continuos problemas y posibilidades, apostando, en definitiva, a una interiorización del discurso, mediante la donación de sentidos que está inmersa en las experiencias de los tejidos sociales. Una de las rutas metodológicas que suelen atribuirse a Freire, consiste en un decidido diálogo con las poblaciones vulneradas y populares en un sistema, con el fin de evidenciar las dificultades en medio de una realidad concreta, en aras de diseñar posibles acuerdos de voluntades en el marco de la utopía.

Marco Teórico-conceptual

Desde las diversas construcciones teórico-conceptual de la paz, entendidas como procesos inacabados, activos y presentes en todos los ámbitos de la vida, es necesario anunciar que no hay paces, sin la garantía de las potencias del desarrollo humano. Para Freire, la paz es una categoría para hacer de la educación un acto de liberación. La paz no es solamente ausencia de un malestar, ni es una mera apaciguada, una paz poco viva estática, sino que la paz es síntesis de muchos elementos que requiere conocimiento y valor de estos elementos para luchar en contra de las injusticias y por el servicio de la vida. Expresa Freire; “No creo en ningún esfuerzo llamado de educación para la paz que, en lugar de revelar el mundo de las injusticias lo vuelva opaco y tienda a cegar a sus víctimas” (Freire, 1986, p. 46).

Entonces, educar para las paces es un proceso mediante el cual reconocemos que el potencial humano pueden ser formado para la vida, en el marco de una sana convivencia con el otro (prójimo), los otros (comunidad, demás especies y el medio ambiente) y el totalmente otro (transcendencia) (Rodríguez et al, 2023), en una doble tensión con la reciprocidad del consigo mismo, situación que puede ayudar a garantizar a las bases de una interrelaciones basadas en el respeto a las diferencias de toda índole; religiosas, culturales, sociales, géneros, económicas, familiares, generacionales y esencialmente de postura de pensamiento.

La educación para la paz plantea una bio-geografía diferente para YO (cartesiano), con los otros y con el universo, interrumpe en los sistemas de dominación y opresión, que a manera de instalación de un imperio global en las figuras de las trasnacionales (Negri & Hardt, 2000), potencian la construcción de una vida digna, basada en las tradiciones de los pueblos, en armonía con las identidades culturales y equilibrio con el arraigo territorial. Ahora bien, el maestro y la maestras que educa para las paces, por su vocación ontológica es un agente radical de cambio y transformación a manera de la cosmovisión de mundo propuesta por M. Gandhi, en su modelo de la noviolencia basada en “la verdad...del espíritu... del amor” (1981, p.7).

Educación para las paces en perspectiva freiriana

La propuesta de educación freiriana, se caracteriza por enfatizar particularmente una experiencia formativa liberadora del ser humano, inevitablemente cuestiona la enseñanza de paz que desemboquen en acciones de transformación de las violencias estructurales como la pobreza, la discriminación social, que históricamente se han vivido. Ahora bien, por ser un proceso subyacente en el accionar humano, es necesario anunciar, que una vía recomendable para construcción de las paces, se genera en el diálogo crítico y el sentido de la alteridad (Rodríguez & Leite, 2024). La visión freiriana es configura la relación del ser, por el otro y para el otro. Por tanto, una visión ontológica del ser y del mundo, es una aproximación ético político, como rizoma donde brota, prospera y se declara la educación emancipatoria, dado que, en su sentido más noble, inculca la prosocialidad, como lo expresa Freire, “La paz se crea y se construye con la superación de las realidades sociales”. (1986, p.46)

La propuesta de una educación liberadora, es una apuesta esencialmente basada en la formación de una ética material, por la superación de los conflictos, y las violencias por los medios pacíficos, pues, en consecuencia, se entiende que, aunque, la realidad está llena de contradicciones y es cambiante, es necesario formar al sujeto para su transformación, desde proyectos de vida auténticamente humanos. El hombre es un ser inacabado, por tanto, las paces, más que un estado, es un proceso, un camino de incertidumbres, que se configura al recorrerlo. En este sentido, es la comprensión amorosa hacia todo lo humano, la que se debe propiciar, el deseo de educar para las paces y esto es lo que plantea P. Freire en su propuesta de educación liberadora.

Freire propone, además, que la labor educativa sea cultivada, necesariamente, con una alta carga solidaria. Pues “los hombres se liberan en comunión” (Freire, 1985, p. 25). No se trata de alienar la conciencia de los posibles sucesos por venir, sino de saber que mientras más optimista sea la solidaridad, más fácil resultaría la posibilidad de escritura de una historia emergente, diferente a la ya escrita por la hegemonía. Para eso, la tarea dialógica. "El diálogo supone una transformación radical de las relaciones de fuerza" (Freire, 1985, 43). Actitud dialogante implica el esfuerzo de un principio de confianza. El sujeto confía en el potencial de la persona, aun cuando sea el único que lo haga. "La relación dialógica incluye la relación de justo respeto al otro, de confianza en el potencial del hombre” (Freire, 1985, 61). El maestro trasformador debe enfrentar permanentemente un dilema ético que posibilite la confianza en el educando-ciudadano que muchas veces no confía en sí mismo, de ahí, la educación fuera de la bancaria, a partir del diálogo, con la conciencia cimienta el futuro de que la humanidad es la convivencia sana, es la vivencia de las paces, por medio del carácter crítico y liberador del diálogo (Freire, 1985).

En la obra La naturaleza política de la educación (1994), el pedagogo brasilero menciona su preocupación por el modo en que puede ejercerse geopolíticamente las construcciones de paz. En ese sentido, Freire afirma que ejercer la paz exigen consiste en sacar a la luz los miedos y la complicidad de vidas desgraciadas. Solo es posible ejercer la paz, por medio de procesos serios de formación que inclinen la balanza a las relaciones pacíficas en una comunidad. En el caso particular de la educación y la paz, propende por incentivar relaciones pedagógicas que estén fundamentadas en las relaciones de igualdad y reconocimiento del otro.

Retos globales para las paces

Ante las constantes guerras y las formas visibles de aniquilación global, es apremiante educar para que la humanidad deje de discurrir como razonable y práctico mito: que se alcanza la estabilidad a costa de atacar al próximo; esta tesis transmite la sensación de superioridad, dominio e inquisidor de un modelo de conocimiento que induce a humillar por los mecanismos de miedo y tortura como un medio racional de repartición del dolor, con el ánimo de ampliar las geopolítica del modelo imperial.

Las personas a cargo de dirigir las potencias y asociaciones mundiales, han dejado ver que son graves y, en incuestionables casos, hasta críticos los ataques que percibimos en el mundo de hoy, en relación con el progreso de las culturas y regiones hacia posturas favorables a las acciones bélicas. En realidad, las concepciones de "guerras justas", "razas superiores", entre otros imaginarios y representaciones sociales del colonialismo, impregnan toda la historia de las naciones. En este sentido, Freire aboga por la suma de todos los esfuerzos colectivos, que favorezcan la transformar de las realidades inmersas en estas lógicas de dominación-colonización. Esa figura ética se sintetiza en el llamado ontológico a provocar una emancipación desde la educación.

La crítica freiriana, se basa en el argumento denunciante de la perspectiva, donde el contenido de la educación se ha limitado a una reproducción del discurso oficial, por el medio dogmático, cuyo saber escolar, es transmitido como verdad absoluta, no sometida a cuestionamientos, que finaliza por normalizar la vida y configurar un sentido común anclado al sometimiento de una elite. Tales prácticas se refuerzan con tal sevicia de a domesticación, ante esta realidad, Freire formular su valiosa propuesta de una educación liberadora, guiada por la praxis educativa, un acto dialógico con los contextos y entornos específicos, reforzados desde un modelo de reconciliación entre los hombres, el mundo y su historia.

En consideración en la medida que la educación retome la propuesta de apropiar la realidad, asumirá el desafío de construir las paces, entonces, educar para la paces, toma simetría en educar para un juego a dos bandas desde el deber y el ser, como acto de liberación, ante la posibilidad de resolver en la cotidianidad las falencias de la realidad, como un proyecto inacabado de formular acuerdos constantes, que respondan a las necesidades actuales.

Aportes de Paulo Freire a la Educación para la Paz

Como se ha anunciado, Paulo Freire es considerado como un pedagogo que desafió el sistema tradicional de educar, independiente a los temas inconclusos que deja sobre el tintero de las reflexiones educativas, se ha de sintetizar desde este imaginario algunos aportes que abrieron la reflexión y la crítica a una educación para las paces; en primer lugar la figura del maestro, como un facilitador del pensamiento y el saber ante el educando, más que un banco de consignación del saber de forma totalitaria o absolutista. Por otro lado, rescató el método del "diálogo", como herramienta pedagógica que parte del reconocimiento de la realidad del sujeto pedagógico, invitando a la reflexión y búsqueda de alternativas para transformar su realidad misma. La educación es un potente acto social, que desarrolla un proceso destinado formar las conciencias de los colectivos para construir una comunidad que supere los dispositivos de marginación.

Así, en el pensamiento de Freire, concibe que la educación para la paces, debe ir más allá de ser una sumatoria de contenidos programáticos, sino que ha de mediar en una auténtica educación ética y política, posibilidad que se desenvuelve en la medida en que se estimulan el pensamiento crítico y el compromiso por transformar su realidad. El plano político de la educación, el sentido de la democracia, surge ante la práctica dialogante entre estudiante y maestro, en su esfuerzo por develar las injusticias a raíz, que propician las formas de violencias.

Hacia la configuración de comunidades de diálogo

El sistema educativo, en su afán de responder a un modelo de administración curricular que le convierte automáticamente en un simple operario, en el cual, solo cuentan los resultados esperados desde un plan estratégico. Por causa situaciones como ésta, Paulo Freire denuncia, en palabras de la profesora Teresa Ríos, que “hoy el marco de la educación se encuentra reducido a las aulas, donde el profesor y el educando permanecen sometidos a un sistema que los oprime, negándolos” (Ríos, 2013, p. 13)

Para Paulo Freire, esto significa privar al sujeto del derecho a pensar correctamente por medio de la apropiación de la palabra, limitándola a un ejercicio falto de la unilateralidad que debería tener, señalando que: “para dominar, el dominador no tiene otro camino sino negar a las masas populares la praxis verdadera, negarles el derecho de decir su palabra, de pensar correctamente” (Sánchez, 2008, p. 103).

No obstante, cuando por el contrario el maestro aprovecha este momento, y permite que la comunidad escolar establezca un diálogo genuino, está abriéndoles la puerta a la construcción democrática del conocimiento, propiciando así una comunidad en la que los estudiantes lograrían, por fin, dejar de actuar como meros elementos pasivos del proceso de enseñanza/aprendizaje, (Ríos, 2013), ahora bien a esta reflexión, se le ha de sumar la mirada propuesta de una investigación educacional planteada por Freire, en preguntas como:

…. ¿Qué tiene que decir la investigación educacional en este contexto? Y

…. ¿Cómo aportar a la transformación desde la investigación educacional?

Conforme se ha venido informando, se ha de afirmar que desde los tiempos del pesador griego Sócrates, desde su propuesta de la mayéutica, las comunidades de diálogo eran conocidas como una gran posibilidad de apertura para la construcción colectiva del conocimiento; antes de pretender dar respuestas, su intención estaba enfocada en promover un espacio de diálogo abierto y generoso, basado en el respeto por las ideas de todos.

Cada uno de los integrantes del grupo aportaba desde su conocimiento una parte de la verdad, la cual no debía quedar jamás como la verdad definitiva, ya que se pretendía que, a su vez, dicha idea propiciara cuestionamientos cada vez más específicos, basados en la reflexión y razonamiento acerca de los pensamientos generados mediante una actitud dialógica.

Observando objetivamente la realidad de la educación, vemos que el incentivar el diálogo abierto entre los sujetos aun es tímida en algunos espacios formativos, por lo que la didáctica de dialogar e indagar en comunidad, aún no se contempla como estrategia relevante para el aprendizaje. En las actuales comunidades educativas, erróneamente, los discursos individualistas, competitivos y triunfalistas, orientados a alentar a los sujetos a la obtención de altos puntajes en las pruebas estandarizadas son percibidos como algo realmente proactivo, a fin de perpetuar el posicionamiento de prestigiosas instituciones educativas como el modelo deseable de alcanzar.

Al respecto Paul Freire citado por Ríos presupone que “el diálogo entre las personas ha ido quedando cada vez más relegado, sofocado por el advenimiento de discursos y acciones sin sentido” (2013, p. 15), recitaciones cada vez más vacías que, según el autor, andan reproduciéndose especialmente en el sistema escolar, basadas en un anhelo irracional de éxito social y en la meritocracia en la que se ven envueltos sujetos como éstos.

Las mediaciones didácticas de aula que tímidamente se sumergen en actitudes dialogantes, sólo hacen parte de incipientes actividades aisladas que maestros (tal vez más audaces e intuitivos) realizan como parte de su estrategia y/o planeación; aun así, estos ejercicios no suelen trascender hacia la indagación, investigación o documentación de esa apropiación intelectual que los niños y niñas pudieran haber tenido durante sus diálogos.

Al respecto Freire es ampliamente concluyente desde este planteamiento, “para que exista un diálogo real, éste tiene que darse entre sujetos que, liberándose a partir de éste, vayan desarrollando su autonomía”, (Ríos, 2013, p. 15), y es aquí donde nos plantea la necesidad imperante de forjar la generación de diálogos abiertos dentro de las comunidades con el fin de potenciar la investigación educacional hacia una educación dialógica, aspecto que debería ser tomado como primordial en los contextos educativos.

Conforme cita la autora Ríos (2013), otra solución a la que hace referencia Freire (y en la cual debería incursionar el sistema educativo, encabezado por los propios docentes) es la denominada Pedagogía Crítica o Pedagogía de Investigación. Una habilidad que debe ser orientada al desarrollo de la investigación por parte del estudiante y del docente, asentada en la reflexión y el descubrimiento conjunto y dialógico de la realidad. Aun así, los autores tampoco desconocen que estos intentos de transformación y reflexión conjunta pueden terminar regresando a la misma situación de partida en la que son estimados como instrumentos u objetos (p.3).

Es visible en esta lógica, el retorno del anti-diálogo en el aula, sucede por la fuerte presión ejercida hegemónica de un grupo de las comunidades educativas, los cuales, se encuentran inmersos y aletargados en el falso confort de la educación tradicional. Por ello, es imperante que se promueva en el aula una situación especial de diálogo, denominada por Paul Freire de Reflexión Crítica: un paso necesario dado por el sujeto para salir del estado de curiosidad ingenua en el que permanece, con el fin de alcanzar la curiosidad critica o epistemológica, dicho estado crea las posibilidades para llevar a cabo la transformación. (Ríos, 2013).

Es esencial considerar que la comunidad educativa, es potencialmente el propulsor para avanzar hacia esa curiosidad crítica o epistemológica referida por Freire, dada en la medida en que la comunidad de diálogo favorezca la reflexión conjunta entre sus pares y el docente investigador (en el papel de mediador).

Freire considera que, a través de la comunicación, que se abre para al estudiante la posibilidad maravillosa de liberarse de los momentos y situaciones enajenantes en los cuales la misma educación tradicional ha pretendido envolverlo. Como tesis en su obra, Pedagogía del Oprimido (1985), el autor denomina a la educación tradicional, como una educación bancaria, cuyos maestros, basan su estrategia simplemente en depositar conocimientos en el alumnado, y luego pedir cuentas de su rendimiento a través de un método convencional de evaluación, sin que esto hubiera pasado por un proceso dialogante de reflexión comunitaria. En este sentido, afirma Beatriz Sánchez:

Las relaciones humanas tienen su feliz fin cuando se fundan en la comunicación, es decir, en el diálogo, pero el diálogo es auténtico cuando no es antagónico. “El diálogo es el encuentro amoroso de los hombres que, mediatizados por el mundo, “lo pronuncian”. Esto es, transformándolo, lo humanizan, para la humanización de todos” (2008, p. 110).

A manera de síntesis se puede decir que cuando se abren posibilidades de diálogo y de indagación en comunidades, se está abriendo la ruta que recupera el diálogo obstruido el cual tenemos tan presente en las aulas de clase tradicional, al abrir este dialogo se crea también la oportunidad de mejorar la calidad del pensamiento crítico de los sujetos, lo cual estaría favoreciendo no solo el momento de aula sino también impactando la transformación en una sociedad a largo plazo.

Concientización y transformación social

En los aportes freirianos, la concientización no es un fin en sí misma, sino una larga construcción socioeducativa, que conduce a una praxis liberadora. Las afirmaciones de Freire en relación con la transformación social, hace referencias a la provocación de los cambio de hombres y mujeres, en sus relaciones el mundo mismo, anulando la estructura explotadora y deshumanizante. La liberación de las opresiones, permite la entrega a una praxis renovadora, que intenta distanciar de la tentación reformista que busca concebir una solución superficial, ante una situación sin intentar cuestionar la estructura opresora; en decir que el reformismo es considerado en P. Freire, como el engaño de la liberación. Tal trueque, es una simple condición de cambio de sistema opresor, con dispositivos de control más agudos y silenciosos, de dificultan cambiar radicalmente una realidad, por tanto, intentar comprender el mundo como un problema meramente tecnocrático, sin el análisis a profundidad de los niveles de poder-saber, es en cierta medida el eterno retorno a las zonas de confort que normalizar en la vida.

Ahora bien, el concepto de "concientización" ubicado en el núcleo de la pedagogía de freiriana. Concientizar es educar para la realidad, es desmitificar, Freire (1973) propone la concientización como un acto:

“…el trabajo humanizante no podrá ser otro que el trabajo de la desmitificación. Por esto mismo, la concientización es la mirada más crítica posible de la realidad, y que la desvela para conocerla y conocer los mitos que engañan y que ayudan a mantener la realidad de la estructura dominante” (p. 14)

La concientización es una intervención a la cultura humana, como un proceso en el cual la praxis, adquiere un papel preponderante, en la aproximación del reconocimiento sobre la realidad que a su vez posibilidad y momento real en que se puede transformar un sistema. En tal sentido, la educación critica, posesiona a los otros, no con la palabra autoritaria del educador, sino con la inmersión de la realidad del estudiante; tal diálogo implica el proceso de liberación.

Recomendaciones y aperturas para una educación para la paces

Desde esta lógica participativa de construcción social, P. Freire desarrolla en su obra pedagogía de la esperanza (1993) en la que abordó una reflexión acerca del sentido de la existencia de lo real, de la justicia, más allá de lo percibido en el sentido común, sus propuestas metodológicas postulan los principios pedagógicos en orden a responder a los fundamentos antropológicos y éticos que atraviesan a las personas por su dignidad.

Los dilemas planteados para pensar el asunto de una educación para las paces, llevan a la orientación educativa que se desprenden del mundo "del deber ser de las cosas" (la utopía) y perturban la serena contemplación del "ya existente" (sistema de normalización). El maestro trasformador, verbaliza el mundo, desde la pregunta social, que pretenda cuestionar el contexto que le rodea. Está es la ética material, que permite juzgar las injusticias del sistema hegemónico, las formas operantes de violencias que rompe las posibilidades de una comunidad más solidaria y cercana a la justicia como reconocimiento, imparcialidad, restauración.

Paulo Freire, es el pedagogo que resalta su compromisos por la justicia, el amor y por el acceso amplio lectura crítica del entorno y los retos de mundo. Estos pilares son esenciales para acceder al poder-saber, que caracteriza la convivencia del proyecto de humanización. Es necesario generar proceso de formación de asimilación de las realidades opresoras, más allá de denunciar las complejidades de un sistema burocrático, sino por medio de la provocación de una aproximación del saber profundo y comprensivo de los referentes éticos y políticos que modelan el laberinto de la realidad. Desde esta intención, es posible proyectar situaciones de paz, que ayuden a la superación noviolenta de las conflictividades, que en palabras de Freire hace referencia a la "concreción" de utopías posibles.

La educación para la paces, busca potenciar en los individuos capacidades para resolver conflictos de manera pacífica y autorregulada, desde las diversas expresiones formativas, en los contextos donde se suscitan, en aras de promover una sociedad justa. Desde la perspectiva freiriana, estas intenciones, se vinculan íntimamente con las bases pedagógicas como el diálogo horizontal, la problematización de la realidad y la acción transformadora de la educación. La vinculación entre la educación para la paces y la pedagogía de Freire, radica en la concepción de que los maestros, como artesanos del saber y facilitadores del mismo, son agentes activos en los empoderamientos necesarios para edificar una sociedad más pacífica.

La educación para las paces, tiene un rol central en este proceso de construcción social, al formar a los sujetos pedagógicos para analizar críticamente las causas de los conflictos y proponer soluciones creativas y en escenarios realizables. En la educación para las paces, el diálogo permite que las personas compartan experiencias, como un relato de vida que se configura en ideas y se construye colectivamente desde la diversidad de la contemplación de una visión de mundo más justa.

En suma, para Freire, el sistema educativo, debe fomentar la constante concientización, que tome distancia de los mitos sociales, anclados al imaginario de la corrupción del poder, un proceso mediante el cual se comprende las estructuras opresivas, con el propósito de generar cambios desde las capacidad humanas creativas, que propone en momentos de conflictos la transformación bélica en espacios para convivir sin violencias. En el marco de la educación para las paces, el reto de determinarlas raíces de las violencias y actuar para erradicarlas, toma sentido en la promoción de las culturas de paz en los espacios emergentes que evoca el colectivo. En síntesis, la educación para las paces, inspirada en la perspectiva de Paulo Freire, se concreta en el camino transformador hacia una sociedad humana, donde las personas tomen conciencia de su papel de agentes de cambio y que es la educación un medio por excelencia para la apropiación y discernimiento de la acción liberadora.


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  1. Licenciado en Filosofía y Educación Religiosa. Magister en Educación. Doctorando en Educación de la Universidad de Caldas, en Cotutela Doctoral con el Doctorado en Educación y Comunicación Social de la Universidad de Málaga (España). Grupo de Investigación PROCIE, Web: http://procie.uma.es.

  2. Administrador De Empresas. Magister En Gestión Ambiental. Doctor en Paz, Conflictos y Democracia de la Universidad de Granada. Profesor del Departamento de Economía y Administración de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Caldas, Colombia.