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vol 21 • 2016

Educación y espiritualidad. Tradiciones de sabiduría y cualidad humana

Educación y espiritualidad. Tradiciones de sabiduría y cualidad humana

pep aparicio guadas, institut paulo freire d’espanya

Traducción: Ximo Martínez Ortíz

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“ Se enciende la aurora en los cielos tal y como si fuera cosa de la tierra, flor quizá que por su pureza y ardor ha llegado al confín donde la tierra y el cielo se entreabren y abrazan (...) no es un espejismo, es una acción, o mejor aún, un acto sin par y en este caso un ser. Un ser que vive en ese acto y al par (en el mismo instante) su nacimiento y transfiguración.”

María Zambrano

“ Aquellos que posean un templo interior se reconecerán.Se reconocerán por sus obras: sus actos y su palabra será guía.”

Chantal Maillard

“ Hem heretat la tradició de moralitat cristiana que converteix la renúncia de si en principi de salvació. També som hereus d'una tradició secular que respecta la llei externa com a fonament de la moralitat. Com pot llavors el respecte de si ser la base de la moralitat?”

Michel Foucault

Los seres humanos, en virtud de sus características intrínsecas como expresión de su condición humana: finitud, inacabamiento...; vocación de ser más, de ir haciéndose poco a poco... están siempre en una situación-en-contexto concreta –emocional y educativamente, ética y políticamente...-, singular y común a la vez y, esta situación suscita, por un lado, una dinámica y/o dimensión relacional y dialogal que abre a los seres humanos a las y los otros seres humanos, al mundo y al resto de seres vivientes mediados por las experiencias – erlebnis- que emergen fruto de estas relaciones y/o diálogos atravesadas por procesos y procedimientos que generan cre -acciones y producciones educativas, económicas... así como espirituales; y, por otro lado, el deseo de espiritualidad que permanece siempre deseo –como señalaba Ernst Bloch-, un deseo siempre sin terminar de satisfacerse, que dispone a los seres humanos en una acción de anhelo perenne que los moviliza, entre otras acciones, por ejemplo, hacia la educación y también los conmueve, pues como cualquiera de nosotros ha aprendido en lo cotidiano de la vida y, como ya señaló Rahel Varnhagen, sólo los corazones abren los corazones y, más allá y más aquí de explicaciones y/o comprensiones, en una obra de reactualización de la existencia, en una osadía de testimonio y sabiduría que los hace co-efectuar.

Y es esta espiritualidad la que, en cierto modo, constituye un camino y un enlace, polivalente-polifónico-polifacético- poliglótico -..., casi no identificable y quizás inexpresable que señala e indica que está en todas las cosas... –lo que ha de suponer, por las mujeres y los hombres que quieren dedicarse, vocacionalmente, a la educación, el abandono de cualquier veleidad religio-religocentrista y, por tanto, eurocentrista, pues dos de las vertientes básicas e identificadoras, a grosso modo, de una cierta cosmovisión europea, si hay una específica, son, por un lado, la religión-religación, cristiana in extenso y, por otro lado, la perspectiva colonial-colonialista aún, que se superpone a ésta y, además, considera esta península del continente asiático como centro del mundo a pesar de la múltiple apertura geográfica, sociocultural, epistemológica, etc. americana, africana... del mundo –y, además, nos posibilitaría para acordar una reactualización y/o reencuentro de lo espiritual como una señal de identidad de la condición humana- entre símbolo, que requiere y exige participación sin mediación alguna y suscita una cierta praxis de y en común; y signo, que suscita, requiere y pide comprensión... mediada o no que reivindican del orden y organización de la presencia y, ambos del afecto, del amor y del diálogo dialógico–, en relación-mediación con el mundo y con el resto de seres vivientes; una relación-mediación cre -activa y/o constitutiva de las diversas praxis de dominación de la contingencia.

Este giro espiritual –que quizá subsume el giro lingüístico...- que debe incluir las técnicas de sí mismo y debe ser eminentemente político y ético, como señala Edgardo Castro refiriéndose a Michel Foucault: «... mientras que gobierno de los otros define la política, la idea de un gobierno de sí mismo circunscribe lo que debemos entender por ética (...) La noción misma de gubernamentalidad adquirirá, un sentido diferente (...) Ya no remite sólo al estudio de las formas de saber-poder que, en el marco del ejercicio de soberanía política, hacen posible el gobierno de la población, sino al punto de encuentro entre las relaciones de gobierno con los otros y las prácticas de gobierno de sí» [1] y, así, este giro espiritual –y a la vez político y ético- posibilita unas aproximaciones epistemológicas y culturales del sur, emergentes, que al mismo tiempo nos anuncian la necesidad de una nueva perspectiva y dinámica educativa que sitúe a la vida y a todos los seres vivientes en medio de los procesos de aprendizaje, implementando esta calidad y esta sabiduría en todas y cada una de las tradiciones viejas, y también en las noveles; este sería el enorme reto de enfrentar interpelar: unas acciones ortopráxicas, más allá de cualquiera de las liturgias –sagradas y/o profanas-, a través de las cuales el ser humano coopera y co-efectúa la salvación del mundo y su salvación y la salvación de las y los demás. Unas acciones grávidas de vida así como civiles y seculares; más allá también de la triste y penosa moral, en una apuesta firme y flexible con los lazos vivos que anclan los seres vivientes en unos posicionamientos y unas acciones éticas, dialogales... que cotidianamente los-las interpelan mediante afectos, conceptos y preceptos; en definitiva, a través de palabras-órganos que se convierten en símbolos y también signos, en unas estructuras de acogida (codescendencia, corresidencia, cotranscesdencia y comediación), siguiendo la aportación de Lluís Duch, « que tienen una misión pedagógica esencial en nuestras sociedades porque son los factores determinantes para la calidad o la falta de calidad de los aprendizajes del ser humano, el cual, desde el nacimiento hasta la muerte, es -debería ser- un aprendiz, es decir, alguien que siempre se encuentra en camino hacia el cumplimiento de su humanidad» [2]; símbolos y signos que tendencialmente nos constelan hacia el interior – vita contemplativa, y trabajo de los símbolos- y/o hacia el exterior – vita activa, y trabajo de los signos- pero sin divisiones ni fronteras, en un continuo y complejo vínculo que nos abre a la vida y a la búsqueda espiritual en sucesivas caminatas, una atadura que, puede ser curva, nos lleva hacia un anhelo de liberación que supera todas limitaciones, más allá de la estricta e ingenua curiosidad intelectual y/o racional.

Este giro espiritual que debería anegar la educación, renovándola, sin ninguna orientación ni guía confesional o aconfesional, requiere de la proximidad, de la presencia, del sentido, de la caricia y de la compatibilidad, de la primordialidad y la cordialidad... y hasta de los gestos vivientes y tiernos de compartir y acompañar (a pesar del creciente uso, y abuso, de las viejas prótesis audiovisuales –cine, televisión, documentales...- y de las ‘nuevas’ prótesis tecnológicas digitales de la comunicación –entre otras, tablets y teléfonos ‘ inteligentes’; tweeter; facebook–según Vicente Serrano la expresión del capitalismo como religión [3]–, etc., a pesar de que generan una cierta adicción que distrae así como una cierta dependencia... que suscitan un cambio no mediado ni relacional de los seres humanos y de su situación-en-contexto), lejos de las diferentes vertientes metafísicas, en una plena celebración de la intimidad que suscita e implica cualquier proceso de aprendizaje, cualquier cultivo de la tierra educativa, sociocultural, política, ética... el tacto y el contacto con las mujeres y los hombres que participan en cualquier círculo de cultura, en cualquier grupo de aprendizaje...; memoria y problematización, sistematización y natalidad, en la resistencia inédita y posible que hace que la dialógica amorosa, en un que hacer-que actuar cotidiano educativo, hace libres a las mujeres y a los hombres y los-las ayuda a concebir, engendrar... la viabilidad de ser en el mundo, inédita y esperanzadamente, de una manera creativa-constitutiva y alegre, introduciendo la novedad en el mundo y en nosotros, las personas educadoras y educandas, a la vez; una novedad que no es innovación ni renovación, sino inmersión-conversión en una dimensión de acogida así como de parrhesia [4] pues « la existencia humana se inicia en la casa que es el otro. Por eso es el otro el punto de referencia fundamental y el que posibilita los otros dos» [5], que garantiza y/o hace proliferar «el movimiento de la intimidad (que) no puede ser, pues, ni colonialista ni imperialista ni totalizador» [6]; y, debe ser una novedad que debe promover, como nos recuerda Martha C. Nussbaum, « el cultivo de la capacidad de pensamiento crítico y la reflexión son cruciales para mantener la democracia viva y despierta» [7], entre otras cuestiones y valores y, de este modo, examinar nuestras vidas, las situaciones-en-contexto, el mundo... en una indagación crítica que es básicamente antiautoritaria y, profundamente, amoroso-dialógica.

Siempre hay « una primera vez para las palabras cuando le llegaron a la conciencia (...) Una primera vez, pues, para las palabras y para su asociación con las emociones, con las caras de algunas mujeres o de algunos niños...» podemos leer en El tranvía amarillo [8]; siempre hay una primera vez para las acciones de las personas educadoras y educandas cuando nos llegan al corazón, una primera vez para las acciones asociadas con las palabras y, a la vez, con las emociones... y quizás en la narración educativa, ética y política hace tiempo que estas asociaciones han estado ausentes o, peor aún, han sido instrumentalizadas y han construido, tal vez un falso imaginario en la memoria educativa y formativa, ahuyentando, por ejemplo, la bella y estimulante tarea de los y de las maestros/as republicanos –« Vivir humanamente, en este tiempo limitado y mortal que es el nuestro, es tanto como recordar», sigue afirmando Juan Francisco Mira-, no como un simple recuerdo muerte y/o artificial que no nos conmueve sino como un auténtico testimonio de una experiencia de vivir, de enseñar y/o aprender, en primera y segunda persona del singular-plural y al servicio de la gente –situándose en un contexto que supone ponerse en juego y en lugar, educativa y políticamente- y, de este modo, cultivar la lucidez propia y ajena, como nos señala, por ejemplo, Queralt Solé refiriéndose a ‘el maestro que prometió el mar’: « la trascendencia simbólica de la trayectoria vital del maestro Antoni Benaiges y del compromiso con su profesión se enmarca en un contexto histórico caracterizado, por una parte, por la irrupción de nuevas corrientes de renovación pedagógica, permitidas y promovidas por la política de la Segunda República, y, por otra parte, por unos años de fuerte convulsión social y política» [9], tal vez, en una especie de resistencia que, a la vez es cre -acción y práctica de libertad al cotidiano educativo, cultural, ético, político...siempre desde la perspectiva y dinámica del dos, plenamente inmersos en el tiempo-espacio de lo íntimo, y dual, que abre la puerta a la ética y al amor, a lo político y a lo educativo... y, como dejó vivido-escrito María Zambrano: « sólo prefiriendo a la par, las ideas y las personas, es decir, solamente estando lleno de amor por la claridad ideal y por su encarnación en la mente de cada hombre, se puede ser maestro[10]

Y estas múltiples acciones –acogida y acercamiento, amparo y don, cordialidad y primordialidad, tacto y contacto, acompañamiento y compartición, confianza y hospitalidad, fecundidad y natalidad...–que, grávidas, despliegan-pliegan-despliegan–..., al mismo tiempo, un doble dispositivo de aprendizaje –sin centro, pura disimétrica composición, compleja y sencilla a la vez, interior y exterior– a través del cual: (i) cuidando aprendemos a hacer y pensar; (ii) cuidando operamos la relación y mediación que nos posibilita navegar, libres, a educadores y educandas –lejos de las mistificaciones del aprendizaje-servicio, de las aparentes comunidades de aprendizaje, etc.–, entre lo inédito viable, feliz hallazgo de Paulo Freire, y lo posible creativo, encarnada y amorosa invención aportación de Victoria Sendón de León, dar a luz-leer-escribir un mundo, a través del proceso de vivir, en singular y en común, en el que el horizonte de espiritualidad posible-viable alcanza una realidad tangible que vamos configurando y constelando en las prácticas de libertad: educativas, éticas y políticas, plenamente inmersas en lo cotidiano, pràxic-theòric, de libertad que las mujeres y los hombres están dispuestos a instituir en el interior-exterior de las experiencias que crean y/o producen, que siempre implican una metamorfosis así como el diálogo dialógico que con la (in) tensión de cre -acción, son el método para hacer vivientes las sendas, viejas y nuevas al mismo tiempo, hacia una espiritualidad plural, pues tanto el ser humano como el mundo son plurales-pluralistas y suscitan el descubrimiento tanto del mundo como de los seres vivientes como a otros (somos en relación y en correspondencia) y forman parte de nosotros, y todo esto no es posible sin amor; el amor, un evento, que mueve-impele-enciende... la construcción de una vida, de un mundo... que ya hacen, poco a poco, y con sus manos, con sus deseos, con sus procedimientos... reinventando una vida a partir de la vida recibida, reinventando un mundo, reinventando el amor, reinventando la espiritualidad, reinventando la educación... en una tarea múltiple de constitución de sí mismo (askesis y eros [11]) donde la espiritualidad debe ser el plus que suscite e implique la transfiguración de las subjetividades en proceso.

Entre resistencia y contestación, convirtiéndose en la espiritualidad, de esta manera, condición y/o prerrequisito educativo-político para poder abastecer y/o retroalimentar unas prácticas de libertad, históricas y situadas, que engendran nuevas relaciones humanas, de todo tipo, así como nuevas relaciones de poder que requieren, a su vez, de la emergencia-existencia de libertad(s) con una clara y encendida dimensión ética y afianzar que, como señala Joan-Carles Mèlich, « la ética no es ni una teoría ni una práctica, sino una experiencia[12] Por tanto quizás hay que practicar- experienciar una espiritualidad encarnada, ética y políticamente, en los escenarios diversos de la cotidianidad donde las mujeres y los hombres realizan las tareas de cuidado de sí mismos, de lectura y de escritura de sí mismos... –desde la honda luz de las entrañas donde están, entrelazados y entreabiertos, la tierra y el cielo... y tal vez así podría germinar un nuevo ser viviente nuevo- que, quizás de forma curvada y ondulada, atraviesan las reflexiones y las sistematizaciones que, como seres vivientes, hacen de sí mismo, del resto de seres vivientes y del mundo en el que (con)viven –en la perspectiva y dinámica de una convivencialidad [13] entrañable y potente-, de una manera netamente política, –tal como señala Lluís Duch: «la política es la autoformación de los que son libres e iguales, para actuar comunitariamente, y, en esta actuación, lograr el reconocimiento de los que son libres e iguales» [14]-, problematizando y reproblematizando, el cuidado de sí mismo, el cuidado de las y de los demás y el cuidado del mundo que, por ventura, sea la condición imprescindible para que la espiritualidad se aleje tanto de la legalidad –la descarnada y moral obediencia a unas normas- como de la legitimidad –la alegre pero triste secuencia que ancla a los seres humanos en la ‘ confirmidad ’ de, y la conformidad a un mandado lícito, entre carismático y/o fiel, el recto trayecto y proceder de acuerdo con la ley, visible o invisible, escrita u oral–, aconteciendo y/o emergiendo en situaciones-en-contexto, des-obedeciendo las relaciones de dominación, des-arbolando los principios morales, des-aprendiendo la crueldad, las dominaciones, los desaucios, las sujeciones... en definitiva, una obra y una operación singular y común de desentrañar y de entrañar, (dis) continuamente, una espiritualidad, materna y femenina, que los-las transforma en vida, que los-las modifica y metamorfosea, los-las materializa y convierte, en un acto que es obra-acción-trabajo-producción, a la vez, pero sobre todo es una espiritualidad que es un perenne nacimiento, sin ningún imperativo.

Quizás la espiritualidad, en sus relaciones con la educación, sólo pueda ser la posibilidad de los seres humanos de estar abierto, dejarse abrir, abrir a otros... y también estar disponible para las y los demás, desde el corazón mismo de la condición humana, íntima y alegremente, y, de este modo, los lleva a un movimiento cuya clave es la atadura, que señalábamos anteriormente –y por tanto suscita e implica una acción de enlazar-desenlazar-enlazar-desenlazar–..., borrando las fronteras, las limitaciones...–, en un proceso de relación, de vinculación, de demanda, de interpelación, de amparo... que paga la alegría hacer y rehacer, actuar y reactuar, en cualquier ámbito cotidiano, en un que hacer-que actuar donde emerge «una circularidad irrompible entre el intelecto y el mundo, entre la conciencia y el cosmos, entre pensar y ser... entre facticidad y racionalidad...» [15], en el tierno y (ma) duro trabajo de la práctica de sí y de la constitución de las mujeres y los hombres sobre sí mismos, en relación y en correspondencia con las y los demás... que opera una transformación, una conversión, una modificación... de las mujeres y los hombres inmersos en estas prácticas y/o experiencias, a través de las cuales, el hilo rojo –y al mismo tiempo también verde, violeta, negro...– de la espiritualidad de las subjetividades en proceso: concretas, vivientes, civiles, seculares..., garantiza y, además, promueve, de una manera directa y desobediente, amorosa y dialogal –diálogo dialógico–, que « la fe es la misma, es la fe de la que el ser humano es el ser supremo para el ser humano (...) El que asume que el ser humano es el ser humano supremo para el ser humano constituye esa fe (...) Es esta la fe que constituye el pensamiento crítico. Pero constituye a la vez la dignidad humana; (...y esta) espiritualidad de lo humano, desde el corporal, va a llevar a la muerte de la religión» [16] y, de este modo, podría emerger y constituirse un proceso de autoconocimiento y de conocimiento del mundo –en el que el maestro debe ser maestro de la inquietud y/o de subjetivización, entre otras funciones–, de la inquietud de sí e inquietud por las y los demás (ocuparse de sí y de las y de los otros, las prácticas de sí, la conversión de sí... suscitan e implican una perspectiva y dinámica, críticas, de des-aprender, de cuidado, de salud, de conversión de sí...) y del acceso a la espiritualidad sin condición teológica ni religiosa alguna.


[1] CASTRO, Edgardo (2013). ‘ Gobierno y veridicción’, en: FOUCAULT, MICHEL (2013). La inquietud por la verdad. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. Argentina

[2] DUCH, Lluís (2010). Religió i comunicació. Fragmenta Editorial. Barcelona.

[3] SERRANO, Vicente (1/5/2016). Facebook, divinidad invisible. El País.

[4] FOUCAULT, Michel (2005). La hermenéutica del sujeto. Akal ediciones. Madrid.

[5] ESQUIROL, Josep Maria (2015). La resistència íntima: assaig d’una filosofia de la proximitat. Quaderns Crema. Barcelona.

[6] Ídem

[7] NUSSBAUM, Martha C, (2011). Sense ànim de lucre. Arcàdia Editorial. Barcelona.

[8] MIRA, Joan Francesc (2013). El tramvia groc. Proa. Barcelona.

[9] ESCRIBANO, Francesc, FERRÁNDIZ, Francisco i SOLÉ, Queralt. (2013). Antoni Benaiges, el mestre que va prometre el mar. Editorial Blume. Barcelona.

[10] ZAMBRANO, María (2000). Hacia un saber sobre el alma. Alianza Editorial. Madrid.

[11] FOUCAULT, Michel (2005). La hermenéutica del sujeto. Akal ediciones. Madrid.

[12] MÈLICH, Joan-Carles (2015). La lectura com a pregària. Fragmenta Editorial. Barcelona.

[13] ILICH, Iván (2002). Obras reunidas I. Fondo de cultura económica. México.

[14] DUCH, Lluís (2001). Armes espirituals i materials: política. Publicaciones de la Abadia de Montserrat. Barcelona.

[15] PANIKKAR, Raimon (2012). El ritme de l’ésser. Les Gifford lectures. Fragmenta editorial. Barcelona.

[16] HINKELAMMERT, Franz (2008). Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad. Dríada. México.


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