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vol 15 • 2013

La Pirwa: una red de solidaridad

La Pirwa: una red de solidaridad

Céline Geffroy

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La comunidad campesina de Huancarani se encuentra en una zona fértil del valle de Cochabamba (Bolivia). Las 52 familias que la componen son los actores del proceso de invención y reinvención constante de la comunidad. Se distingue entre estas familias dos grupos importantes: los ex-mineros -a menudo oriundos de Huancarani - que volvieron después de la relocalización [1](1985) y los lugareños. Asimismo, se integraron, paulatinamente, migrantes de otras regiones. Las mujeres son mayoritarias en Huancarani, muchas viven solas, pues son viudas, solteras o sus parejas migran en busca de trabajo. En consecuencia, se considera que son ellas las principales promotoras de la construcción de la comunidad [2].

Son justamente ellas que organizan y trabajan durante el trabajo comunal, llamado pirwa . La pirwa es a la vez un lugar (la casa comunal) y una actividad (el trabajo en conjunto) y constituye una estrategia creativa y solidaria de lucha contra la pobreza, generando una compleja red de articulaciones sutiles que abarca distintos ámbitos, desde lo personal hasta lo comunitario, como una construcción social, es decir como el producto de las acciones de actores de carne y hueso.

¿Será, entonces, que estamos ante una economía plural que combina el mercado, la redistribución estatal y la reciprocidad? ¿Cuáles son sus mecanismos de redistribución? Asimismo, puesto que no se puede separar la economía de los lazos sociales, planteo detectar qué tipos de interacciones sociales se generan, y si éstas son o no de reciprocidad. ¿Será que el trabajo comunal sólo es posible con la existencia previa de redes sociales? ¿Cuál es el peso específico que tiene la red de mujeres en la construcción del espacio común, los modos de participación en el trabajo colectivo y su influencia en la toma de resoluciones?

La pirwa es el revelador por excelencia de la economía de solidaridad: hace participar a personas marginalizadas del mercado de trabajo, por ser ancianos, mujeres o minusválidos. Les ofrece la posibilidad de trabajar y obtener recursos para completar su canasta familiar, al construir redes sociales en las cuales deben fluir la información y la transferencia de saberes. Además al suplir a la ausencia de parentela se constituye en un precioso aporte y apoyo para las personas solas que no pueden reunir, solas, los diferentes medios de producción, indispensable en una sociedad rural. La economía solidaria hizo posible la intervención dinámica de esta población en la construcción física de la comunidad pero también ha contribuido a fortalecer y sigue fortaleciendo el capital social de cada uno de los comunarios así como de la comunidad en su conjunto. Asimismo, a través de la pirwa, se facilita la implementación de obras que luego serán bienes de la colectividad y cuyos beneficios volverán a la comunidad en su totalidad. La economía de solidaridad no sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales de sus miembros sino también su equilibrio emocional y el reconocimiento social de parte de todos, como me esforzaré en demostrarlo en este artículo.

Una población marginalizada de la economía capitalista

La pirwa es un laboratorio donde se puede explorar el funcionamiento de la economía solidaria en Huancarani. La pirwa es el punto de encuentro de 20 personas: mayormente mujeres (80 %), muchas de ellas ancianas, de minusválidos, de originarios de Huancarani así como de personas provenientes de las minas (40% del total de los participantes), 15% llegó de las zonas de alturas de Cochabamba (Chorojo y Waca Playa) y 10% de la región de La Paz: l os inmigrantes alcanzan el 65% de los trabajadores de la pirwa. Algunos vienen de las comunidades vecinas de Sorata y Monte Negro. El 40% de las familias inscritas en la OTB trabaja en la pirwa.

Por otra parte, cabe mencionar que el 40% de la población total que trabaja en la pirwa es mayor a 55 años y el promedio de edad es de 47 años, lo que demuestra la predominancia de personas de avanzada edad [3].

Es notable el gran número de personas de la pirwa que no tiene tierras (más del 50%). Justamente, a la pirwa , acuden principalmente familias pobres: según una auto-estratificación realizada ante varios miembros de la pirwa, hasta 17 personas de la pirwa eran consideradas muy pobres y pobres, entendiéndose la pobreza tanto material como simbólica (más ligada al estatus social. Es el caso de la mayoría de las personas solas. De esta manera, una persona sola que no puede trabajar sus tierras será considerada pobre a pesar de ser rica en terrenos por ejemplo).

Y justamente, c erca de la mitad son personas solas. Al estudiar la composición de la población de la pirwa, se establece tres categorías no excluyentes de personas que carecen de un ámbito familiar completo (cónyuge o parentela extendida). Según los criterios que se establecieron, nueve personas son ch'ulla [4] (es decir: viuda/o o soltera/o) y una de ellas también es waqcha [5]; cinco son waqcha migrantes [6], de las cuales una es ch'ulla. Sin embargo, a esta cifra se puede añadir las cinco mujeres casadas que se quedan solas buena parte del año, puesto que sus maridos migran.

Un espacio de integración social

En la pirwa convive este micro-mundo heteróclito que motiva la integración de cada uno con su diferencia. Aquí, es posible identificar un escenario donde el valor social de todos es respetado y reconocido considerándolos tanto fuentes de saber como actores económicamente activos. La pirwa ha logrado valorar las capacidades productivas de estas personas generalmente relegadas a asilos y cocinas. Éste es un espacio solidario donde se tejen relaciones diversas de acuerdo a los actores. La unión y la igualdad son dos palabras que los integrantes de este grupo utilizan constantemente para auto-caracterizarse.

En efecto, todos los que acuden cada jueves a la pirwa insisten sobre el momento agradable que van a compartir: “hacer reír” y estar con los compañeros, “ya nos hemos acostumbrado, por esto nomás, charlar, reír, de todo un poco, ¿no?”. Es un tiempo de libertad, liminar a su rutina; la pirwa ofrece un espacio de diversión y rompe con las tareas domésticas, así como un momento privilegiado para intercambiar chismes, para comentar los últimos eventos. Esta dimensión es tan importante que la mayoría de las personas entrevistadas insisten que, para ellos, el phuqllay(jugar en quechua) representa el motivo más importante por el cual se reúnen, incluso significa más que el hecho de recibir alimentos. Dicen que vendrían aunque no hubiera el cupo de alimentos. Julián recalca que : “a trabajar podemos venir siempre (...). Para mí es igual, vendría siempre”.

Por su parte, la pirwa permite dejar de lado la soledad de las personas solas durante algunas horas: “Solamente que me distraigo en ahí. Aquí, yo estoy sola, a veces viene mi hija, a veces no viene”, comenta doña Clara. Para los waqcha-migrantes, es una oportunidad ideal para echar raíces, para encontrar amigos, para remplazar la falta de parientes y de relaciones, en fin, para incrementar el capital social de cada uno y de la comunidad. Doña Olivia explica:

A mí me gusta más que todo, será porque (...) me siento tal vez sola en la casa, porque como mi hijo está en la universidad, llega en la noche, en el día me siento sola; mi esposo también a veces sale (...). [Es] una distracción aparte del trabajo, compartir con las señoras, aquí también es bonito compartir con ellas, siempre a veces conversamos de una cosa, otra cosita les cuento alguna vez a ellas algo, entonces a veces así, eso para todo, a veces vienen renegando, reímos, todo. Esas cosas me sacan de la rutina.

Así se mantiene ocupada. Como encargada, doña Olivia piensa en la organización del trabajo, lo que van a hacer en la próxima reunión y, de esa manera, ella destaca que no tiene tanto tiempo para añorar su tierra. En otra ocasión, ella explicó que se integró a su nueva comunidad mediante la pirwa y que, gracias a su efecto integrador, se sintió rápidamente parte del mundo valluno.

En suma, el trabajo comunal no sólo puede llenar un vacío de recursos económicos entre su población, sino, también, un vacío emocional: provee amigos y suple a la ausencia de pareja o familiares. L a pirwa es un espacio socializador que facilita el esparcimiento, la socialización: permite reforzar amistades, pero también desahogar tensiones (rumores, peleas); asimismo, responde a necesidades de chismear, charlar.

Al mismo tiempo, la pirwa es generadora de identidades. Los que participan en ella reciben reconocimiento social y se valora su participación económica, lo que les conforta en su identidad. Ahora bien, aunque no todos los actores participan directamente, cuando la comunidad se apropia de las obras realizadas en la pirwa, esta identidad se expande a Huancarani en su conjunto.

La ritualidad en la pirwa

Los elementos rituales que voy a exponer a continuación son parte de la utopía elaborada por Alejandro. No puede existir trabajo comunal sin chicha ni coca. En nuestro contexto, la chicha, la ch'alla que la acompaña y la coca son elementos que vienen a consolidar la membresía de los participantes de la pirwa, involucrándolos en una gran comunión con la Pachamama. Esta dimensión simbólica-festiva permite la integración de actores muy diferentes en un mismo espacio.

“Da a la tierra, ella te dará”. Esta afirmación resume el complejo juego de reciprocidad entre el hombre y la tierra. Involucra una suerte de complicidad cósmica que se vuelve posible gracias a la magia del rito, la ch'alla: “se comprende que la naturaleza, obedeciendo a la lógica del intercambio de dones, no otorgue sus favores más que a quien le entrega su pesar como tributo”

(Bourdieu 1991: 196)

El trabajo comunal en Huancarani está siempre acompañado de ofrendas rituales a la Pachamama. Antes de iniciar el trabajo comunal en Huancarani, las mujeres y los hombres pijchean y fuman, conversan e intercambian bromas picantes. A media mañana, a mediodía y en la tarde, Olivia y Verónica ofrecen una tutuma de chicha a cada uno de los participantes: todos ch'allan [7] la tierra antes de beber. La chicha ahuyenta la “mala gana”. Así, el trabajo avanza.

El mundo espiritual pertenece al mundo profano, se imbrica en él. El alcohol es el medio que permite cruzar la frontera que separa estas dos esferas: es una comunión entre las dos. A través del ritual de la ch’alla , se busca reforzar los lazos entre los hombres y el cosmos. Doña Mirtha explica que para ella: La Pachamama, es la Virgen del Suelo, para ella también se ch’alla . Doña Natalia ch'alla porque, si no lo hace, puede hacer enfermar la Pachamama dicen, nos puede hacer enfermar, no podemos tener nada dicen, por eso hay que ch’allar, hay que q’oar a la Pachamama . Olivia confirma que hay que “convidar (...), para que no se enfermen (...), a veces dicen que los terrenos cavamos, a veces cuando cavamos nos hace enfermar dice, por eso mayormente hacen la ch'alla, la q’oada”. Olivia es una católica muy devota y practicante; se ocupa de mantener limpia la iglesia y dispone de las llaves que guarda celosamente. Para ella, las ofrendas a la Pachamama no son actos ajenos a su religiosidad: todo lo contrario: la ch'alla es una misa, a la Pachamama, a la tierra. Sólo se “hurga” la tierra después de haber realizado el ritual: primero hemos ch'allado, hemos hecho pasar una misa, bien, como se dice, hemos ch'allado bien, entonces recién hemos empezado a trabajar. La ofrenda a la Pachamama no sólo protege de las enfermedades, también cuida y sana a los enfermos, “más bien, la tierra nos cuida”. La Pachamama refleja tanto una noción de totalidad como de abundancia. La Pachamama es de temer: es capaz tanto de bondad como de castigo y el intercambio recíproco con ella evidencia la importancia que tiene para el hombre de integrarse en el mundo sagrado: “Así el hombre quedó involucrado en una red eterna de obligaciones recíprocas con los dioses” (Randall 1993: 76).

Mediante el ritual de la ch’alla , la comunidad se reafirma como tal. El compartir alcohol favorece el intercambio de valores y de sentido colectivo. Todo momento de la vida comunitaria (fiestas patronales, ritos, trabajos colectivos, etc.) es ritmado por un intercambio de alcohol. Efectivamente, ch'allar y compartir algunas tutumas en el marco del trabajo comunal es también una forma de integración para las personas que llegan de otra parte. En este sentido, do ña Julia adoptó ciertas costumbres del lugar: “Lo que hacen, les sigo nomás...”.

Por otra parte, la chicha posee valores alimenticios reconocidos por sus consumidores, provee energía y ganas a quien la consume; es el alimento indispensable para trabajar porque da fuerza, y, asociada al pijcheo de coca, evita el cansancio: “costumbre es pues, porque sin pijchear no se puede trabajar, pijchean siempre, porque la coca les pierde su hambre, les da ganas de trabajar según a eso pues”. Doña Natalia, al igual que la mayoría de los participantes de la pirwa, opina que: muy importante es pijchear coca porque nos cansamos, con hambre, nos cansamos, no podemos hacer. Sin la chichita no se aguanta, perdemos la fuerza. Incluso insiste que sin estos dos elementos: “no haríamos como se puede hacer”.

El trabajo comunal siempre empieza con un momento en el que se comparte entre grupos de afinidad generacional y de género. Se han apropiado los elementos rituales porque sea permanecían en su imaginario y lo han llevado a la práctica, o sea solamente porque perpetúan una costumbre anterior.

La economía de solidaridad en Huancarani

El trabajo comunitario responde, de alguna manera, a las dos formas de injusticia social (mala distribución y falta de reconocimiento) destacadas por Fraser (1998), es decir atenúa las disparidades socio-económicas entre los participantes de este trabajo, pero también dentro de la totalidad de la comunidad: por una parte, porque permite obtener productos a personas que no podrían adquirirlos de otra manera, y, por otra, porque revaloriza el estatus simbólico de estas personas. Las obras realizadas a través de la pirwa crean prestigio para la comunidad y permiten acceder a diferentes infraestructuras. La pirwa es un medio fortalecido para minimizar las formas de discriminación y de injusticia social que existen en todo grupo humano, a través de un mecanismo en el que interviene tanto la solidaridad como el dinero.

Alejandro, el dirigente, es el depositario de la confianza de los comunarios : es un hombre de acción. Fue refugiado en Suiza donde logró sensibilizar a redes de solidaridad para dirigir la atención a la realidad boliviana. A su retorno, creó una escuela de idiomas para estudiantes extranjeros que vienen a compartir el trabajo en la pirwa. Cariñosamente, los lugareños los llaman “gringos”. De esta manera, gracias a la acumulación de un importante capital social y simbólico, llegó a captar algunos recursos económicos proporcionados por sus amigos europeos y, en menor medida, por los estudiantes de su escuela.

Estos recursos fueron y son invertidos en la organización de la pirwa: en materiales de construcción para obras y en alimentos destinados a los participantes de esta actividad. Cuanto más generoso se muestra el que redistribuye, tanto más incrementa su capital simbólico. Ahora bien, cuanto más avanzan las obras, Alejandro acumula más reconocimiento, no sólo de parte de los huancareños, sino también de los gringos. El resultado se materializa en mayores recursos y en un incremento de su capital social. Aquí se produce la retroalimentación de los campos entre sí: el prestigio, que actúa como una suerte de capital originario, favorece la creación de capital económico [8].

Por lo tanto, el dinero proveniente de la economía capitalista es redistribuido por intermedio de Alejandro, dentro de un sistema de reciprocidad, pues, a pesar de que proviene de la economía de mercado (con sus características de frialdad e impersonalidad), los recursos donados por gente solidaria y humanitaria, gracias al encantamiento del don, contribuyen al fortalecimiento del capital social comunitario.

La retribución material que reciben los miembros de la pirwa es menor al valor real del trabajo por jornal que percibirían fuera del trabajo comunal. Si bien su labor y su compensación se pueden traducir en términos monetarios, estos criterios no bastan para medir los beneficios verdaderos que se generan, pues los valores subjetivos no son cuantificables: no se puede traducir la compensación en términos de compañía, amistad y la recreación compartida entre los trabajadores; tampoco se puede medir el beneficio social que perciben los miembros de la pirwa y la comunidad de Huancarani.

En suma, la filosofía de la economía solidaria se basa en la búsqueda de una nueva solidaridad que fundamente la libertad, inventando una nueva sociedad en la que el individuo sea un actor activo y propositivo, no un sujeto pasivo, y donde, a través de su participación, se democratice la economía. Ella busca, asimismo, construir lazos sociales menos rígidos que aquellos impuestos por la comunidad tradicional, respetando la autonomía de cada uno.

Todos reciben por igual

El ideal solidario enmarcado en la pirwa borra la diferencia de jornales percibidos por los hombres y las mujeres en otros trabajos donde el pago es diferenciado en función al género, pues ambos reciben alimentos equitativamente así como los mayores y los minusválidos. Se debe tener en cuenta que la retribución desigual es una de las formas en que se manifiesta la injusticia social, producto de la estructura de las instituciones económicas y sociales. En cambio, en la pirwa, la incorporación de la idea de complementariedad y equilibrio entre géneros -que se visualiza en el concepto de chachawarmi [9]- implica que las mujeres no solamente reciben una retribución económica igualitaria a la de los hombres, sino que obtienen el mismo reconocimiento social sin distinción entre géneros.

Asimismo, es interesante mencionar que el equipo de investigación quien participó durante varios meses en distintas actividades relacionadas al cultivo del maíz –preparación del terreno, aporque, desyerbado, etc.- recibió la misma cantidad de maíz que los demás. Esta actitud demuestra que todos los que trabajan la parcela -sean éstos lugareños o no- tienen el mismo derecho a ser reconocidos como parte de la producción.

Diversificando estrategias

Los alimentos obtenidos mediante la pirwa hacen parte de las estrategias que los lugareños desarrollan para diversificar las actividades productivas, minimizar la inseguridad alimenticia y los riesgos de la producción agrícola. Es especialmente apta para personas que ya no se hallan en edad de trabajar y que, por lo tanto, son marginadas del mercado laboral. En la cita de Clara, podemos ver que la pirwa ofrece una buena alternativa para obtener alimentos para personas mayores:

Sí, en eso nos ayuda siempre pues. A veces no tenemos plata y eso estamos comiendo siempre (...) arroz, fideo también. Eso no compramos con nuestro dinero, eso comemos siempre aunque uno o dos meses pues ¿no?

Julián corrobora esta declaración:

Esos cupitos [los alimentos] nos reparte y a veces no hay trabajo en ninguna parte, para que nos ganemos, para que comamos hay siempre esos cupitos pues. De lo que hemos trabajado ¿no? Hay siempre pues, si no trabajamos, no hay tampoco pues.

Al margen de las personas mayores, las que no tienen pareja también se valen de la pirwa para asegurar la dieta alimenticia, pues no disponen de ingresos extras. Otros, que no tienen tanta necesidad de asegurar alimentos, utilizan sus recursos monetarios, no para comprar víveres, sino para acceder a artículos menos imprescindibles (utensilios domésticos). Doña Verónica opina:

Hasta ahora me ayudan [los víveres] porque en vez que yo compre estos alimentos, ya tengo siempre, por decir ya tenía que comprar en el mes una arroba de arroz; con esa plata puedo comprar algo más para mi casa. Por decir ahora mismo, el otro mes hemos agarrado los productos, no he comprado nada de esos productos, pero me he comprado un lavaplatos para mi cocina, he adquirido algo en vez de comprar esas cosas, así poco a poco siempre estoy haciendo.

Olivia añade:

Los alimentos que nos dan, es bastante ayuda, (...), porque hoy en el día no alcanza el dinero que uno tiene, por más harto que gane, me parece que todos estamos pasando eso ¿no? (...) Yo pienso que toditas las señoras que trabajamos aquí, también dicen que es una gran ayuda.

Los anteriores comentarios muestran el rol que cumple la pirwa como estrategia de seguridad alimentaria. El hecho de que todos los participantes puedan obtener alimentos, que la pirwa sea un espacio donde se minimizan las estratificaciones tanto sociales como económicas, es una realidad hecha posible en parte con la participación y el apoyo de los “gringos”. Ellos gozan de un importante reconocimiento en el seno de la comunidad, los comunarios valoran su aporte en el trabajo, y son siempre objetos de respeto porque ellos mismos se esfuerzan en respetar las costumbres locales.

De esta forma, podemos ver que en la economía solidaria confluyen tres elementos impulsores. El aporte de los comunarios es esencial y la retribución recibida por la labor desempeñada por la comunidad se mide más en lo emocional y en resaltar su sentido cívico que en una gratificación material individual. El aporte de los gringos, por su parte, nace de un sentimiento de empatía, lleno de sentido y respaldado por una experiencia compartida y un referente concreto en Huancarani. Finalmente, la mediación de Alejandro como agente catalizador y redistribuidor de recursos en modalidades no monetarias es imprescindible para fundamentar esta forma de economía.

A manera de conclusión…

En Huancarani se forja un imaginario común, un deseo de representación colectiva, plasmado en un lugar concreto. La búsqueda constante de la comunidad supone el derecho a la diferencia, lleva a desdibujar las discriminaciones para canalizar la fuerza de sus pobladores -de origen muy heterogéneo- hacia una misma meta: la invención de un espacio compartido.

A través de la economía solidaria – que se arraiga en antiguas y vigentes formas de reciprocidad andina - se puede pensar la economía de manera más humana: reduce las desigualdades tanto sociales como económicas. Las diferenciaciones socioeconómicas, en Huancarani, no se exteriorizan únicamente en la mala distribución económica, sino que abarcan también jerarquías de valor cultural como el género y la pertenencia étnica (hacia personas llegando de otra región por ejemplo).

La discriminación por género es obvia en la esfera pública en la que predominan los hombres. Sin embargo, las mujeres supieron encontrar estrategias sutiles para influir en la toma de decisiones interactuando en espacios intermedios entre lo público y privado, valiéndose de los roles tradicionalmente asignados a las mujeres.

Asimismo, el hecho de no saber leer ni escribir contribuye a construir una identidad de baja auto estima en algunas mujeres mayores; a veces esta actitud se plasma en la pollera (amplia falda llevada por las mujeres de origen campesino) -en este caso denigrante para ellas. La pollera se vuelve un marcador discriminatorio y por ende, denota cierta forma de injusticia social, tanto más frustrante que parte de las mismas mujeres.

A pesar de estos obstáculos, las mujeres de Huancarani supieron construir un espacio donde son reconocidas y donde su trabajo paulatino y regular logró construir tanto obras para la comunidad en su conjunto como un espacio de solidaridad. Las mujeres son las artesanas de la comunidad.


[1] En agosto de 1985, se promulgó el Decreto Supremo 21060; entre sus principales disposiciones estaba el cierre y privatización de los centros mineros y la reubicación de los trabajadores mineros en otras fuentes laborales más productivas, pero en la práctica consistió en un despido masivo de los trabajadores mineros y un eufemismo para descabezar al movimiento social minero (Escóbar 1994). Este despido originó a su vez el éxodo de las familias mineras hacia las ciudades capitales del país.

[2] Este trabajo expone algunos resultados de una investigación llevada a cabo en 2001 conjuntamente con Carmen Soto Crespo y Gonzalo Siles Navia.

[3] En los años noventa, la esperanza de vida en Bolivia era de 57 años, sin embargo, en zonas rurales pobres la población puede tener expectativas de vida hasta de quince años menos que en las zonas urbanas más acomodadas (cf. eurosur).

[4] Quechua. Literalmente “sin su par” o sea, solo. Todo tiene que ir con par como la yunta de bueyes o los ojos…

[5] Quechua: huérfano por lo tanto que no puede acudir a familiares para trabajar.

[6] Es una categoría creada para la investigación en la cual se entiende que la persona migrante que no tiene relaciones de parentesco en su tierra de acojo, vive como una persona waqcha, huérfana, sin nadie quien la ayude en las actividades agropecuarias.

[7] Para Abercrombie (1993: 143-144) : Una ch’alla es fundamentalmente una libación que implica verter parcialmente (o rociar con la punta de los dedos) un líquido sobre (o hacia) un altar sagrado (u otra deidad), que se convierte en el canal a través del cual posteriores ch’allas alcanzan a seres más distantes.

[8] Sin embargo, también puede verificarse el proceso inverso: el capital económico conlleva la formación de otros capitales.

[9] quechua. Literalmente : hombre-mujer. Concepto que indica la complementariedad entre género.


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