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vol 15 • 2013

15 M, saberes y acciones instituyentes

15 M, saberes y acciones instituyentes

loris viviani y da.da.

… non bastano rivolte e religione
il cambiamento spetta alle persone
prima individualmente
poi collettivamente arriverà …

paletti

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Introducción y más allá

Sólo ha pasado un decenio, o poco más, de las oleadas que, por un lado, se han levantado en contra de las instituciones promotoras e impositoras de la globalización neoliberal (WTO, FMI y G-varios) y, por el otro, se han conjugados (o lo han intentado) en los diversos Forum Sociales que se han dado desde el principio del nuevo milenio. Oleadas que, aun manteniendo sus propias especificidades y pluralidades, se han articulado y producido (o se han hecho articular y producir) adentro y bajo un doble denominador común: en contra de esta y por otra globalización. Intentando una incursión al interior del territorio matemático, se podría afirmar que este doble denominador haya sido un máximo común divisor de la multiplicidad de los movimientos.

Diez años más tarde, o poco más, desde Zuccotti Park hasta Plaza Sol, desde Túnez hasta el Parque Gezi, pasando por Tahrir y Brasil, no pasa día sin que los mainstream medios subrayen– en negrita también, para que cunda mejor –las innumerables diferencias entre las distintas ‘manifestaciones’. La insistencia de los ‘ si, pero’ que los medios utilizan para diferenciar las ‘manifestaciones’ en Brasil y el 15M, en Turquía y Egipto, en Túnez y en Occupy Wall Street, es tan elevada que no puede no llamar la atención. Pero, ¿Qué es lo que se esconde bajo aquellos ‘ síes’? ¿Cuáles son los ‘mínimos comunes múltiplos’ (segunda incursión en territorio matemático) que rompen la cotidianidad en lugares tan diferentes del planeta? Y ¿por qué es tan importante y fundamental rehuirlos para sumergirse en las disertaciones desplegadas por los ‘ peros’?

Por ejemplo, uno de estos ‘mínimos comunes múltiplos’ habrá que encontrarlo, obligatoriamente, más allá de las fronteras nacionales, sociales, partiticas y culturales de cada país que ve su cotidianidad perturbada por la emersión de ‘manifestaciones’ tan distintas. ¿Podría ser (y por qué no), aquel mínimo(en este sentido, entre comillas) común múltiplo – mirá vos: hoy en día más común que hace diez años – aquel modelo económico neoliberal instituido y constantemente en fase de imposición/institución? Un modelo que, como una famosa multinacional del fast food, conjuga y etniciza su propia ‘filosofía’ según el ambiente gastronómico-cultural en él que abre sus ‘restaurantes’. Un modelo no-exclusivamente-económico que funciona como un franchising: en Brasil a la Lula(ahorita Dilma), en España a la ZP(ahorita Rajoy) y a la Obama en los EEUU, para los paladares más democráticos, mientras, para los que no quieren perder el sabor de la tradición autoritaria sin adornos barrocos, lo tenemos a la Erdogan o en la nueva línea experimental post arab springs.

Pueden cambiar las coordenadas geográficas, las modalidades y los niveles de aplicación o el color del partido que se ocupa de su implementación, sin embargo, el modelo instituido no cambia (los dos arcos de oro serán siempre y de todos modos dos arcos de oro). Así que, si no se debe al azar que se le llame ‘hegemónico’, ‘global’ o ‘único’, por otra parte, tampoco debería sorprender que, desde las diferentes y diversas ‘manifestaciones’, un mínimo común múltiplo sea la emersión de un rechazo a este modelo: un contundente NO.

El 15M y sus primas hermanas instituyentes

Por esta misma razón, la tendencia de los mainstream medios a buscar las 10 diferencias entre las ‘manifestaciones’ que disienten –y no sólo eso– en diferentes lugares del planeta, en este texto se buscará ir más allá del 15M, llamando la atención en los ‘mínimos comunes múltiples’ de estas ‘manifestaciones’, ‘movimientos’, y su diferente y diversa forma de ser instituyentes.

La construcción de este paralelismo heterodoxo, podría empezar por un comentario de Frans Vera, que viene como anillo al dedo: “hasta que te mantienes en el interior de un modelo aceptado [ o instituido], normalmente no tienes problemas […] Sin embargo, si empiezas a poner en discusión el modelo, habrá problemas y se acabará hablando poco de los hechos y mucho de psicología. La frase que se oirá más será así: ¿quiénes creéis que sois?” [1].

En varias partes del mundo las ‘manifestaciones’ se han materializado en oposición –una especie de NO colectivo– a algo de extremadamente concreto y específico que, sin embargo y a su vez, es susceptible de ser reconducido a los procesos (diferentes en las varias partes del globo) de implementación/imposición de un modus operandi/vivendi instituido. Los factores desencadenantes del NO colectivo son, por las fuerzas de las circunstancias, plurales, ya que la imposición de este modus operandi/vivendi agrede de forma distinta y diversa la heterogeneidad ‘magmática’ que conforma la ‘ manifest -oposición’.

El binomio ‘hecho extremadamente concreto –NO colectivo emergido en oposición’ funciona como catalizador para los múltiples NO existentes que se han articulado al interior de un NO común [2] (en una “leadership informal y […] una multitud de voces” como, por ejemplo, Hatuka, en Beaumont, 2013, caracteriza el espíritu de la primavera árabe y de Occupy). Éste funciona como una plataforma –que incluye sin asimilar– de encuentro e intercambio que, si por un lado permite de mantener viva la oposición (el NO) multíplice, por el otro, reconoce el elemento opositor/resistente de esta pluralidad como en contraposición a la imposición autoritaria (a veces, para las más afortunadas, democráticamente autoritaria) de un modus operandi/vivendi instituido (económico/cultural/social) como ‘saber-acción’ –como posible y probable– único.

En este sentido, las ‘manifest-oposiciones’ en las diferentes partes del mundo al modelo neoliberal no son claras, ni claramente definidas. Por ejemplo, las peticiones de participación democrática del 15M son una realidad en la democracia semi-directa suiza (como esta funcione en el interior del modelo neoliberal, es otra linda cuestión), o, las protestas en Brasil piden medidas para el estado social que el 15M en España lucha para mantener.

Lo que aparece como evidente es la oposición al autoritarismo arrogante a través del cual se impone, y se solidifica, el modus operandi/vivendi instituido. El NO colectivo a esta unilateralidad presuntuosa e insolente – aquella del ‘nosotros sabemos lo que hay que hacer’ (pero el para quien y para que, todavía es un ‘misterio’) – es tangible: desde los referéndum para el agua como bien común hasta las protestas en contra de la alta velocidad en Val di Susa en Italia, a la oposición de la destrucción del Parque Gezi en Turquía, desde las protestas contra la organización de los Mundiales de Fútbol y las Olimpiadas en Brasil, al frente común en contra de la delirante poda del estado social en España, Portugal y Grecia, desde las tiendas de campañas en Wall Street, a los banqueros en la cárcel en Islandia y periódicamente en plaza Tahrir. Las ‘manifest-oposiciones’ conllevan la emersión de un postcapitalismo latente y vehiculan toda una serie de ‘saberes-acciones’ anti-instituido/anti-institucionales que buscan ir más allá: “por qué sabemos cómo queremos vivir, sabemos muy bien cómo queremos gobernar y ser gobernados. Nosotros queremos gobernarnos nosotros mismos y decidir nosotros mismos” [3].

La relación instituyente-instituido, un capítulo abierto

No es este el lugar para una disertación teórica sobre las dinámicas a través de las cuales entran en relación los conceptos, y las prácticas que de éstos derivan, de ‘instituyente’ e ‘instituido’ y no sólo a nivel general sino también en referencia a las ‘manifest-oposiciones’, es suficiente pensar, por ejemplo, en la correspondencia entre Michael Hardt y John Holloway [4]. Sucesivamente se intentará enfocar esta relación de una forma rigurosamente subjetiva y crítica.

De forma general, las ‘manifest-oposiciones’ rehúyen el binomio instituido/institución y las razones que subyacen esta actitud –un proceso de dislocación y vaciamiento, una especie de éxodo de las lógicas dialécticas– parecen ser, sin sombra de dudas, varias. Sin embargo, una de éstas podría ser reconducida a una particular desafección para las instituciones como tales.

Esta posee como elemento dirimente el pasaje que nos ha visto transitar:

“desde una economía de mercado hacia una sociedad de mercado. Una economía de mercado es una herramienta para organizar la actividad productiva, una sociedad de mercado es una forma de vivir en la que los valores del mercado penetran en cada aspecto de la actividad humana. Un lugar donde las relaciones sociales han sido transformadas a imagen del mercado”

(Sandel, 2013, p. 40) [5].

En otras palabras, nuestra sociedad ha entrado en el “capitalismo como religión, culto que no expía el pecado sino que crea culpa/deuda, religión que ya no es más reforma del ser sino su completa ruina” (Benjamin, 2013, p. 43) [6].

En este contexto, donde mercado/instituido/institución tienden de forma inexorable a colimar y fundirse en un ente único (un ente que, además, es viviente: piensa, reacciona –la mayoría de las veces en detrimento del 99% de la población– y busca la confianza), cualquier proceso de institucionalización actúa para reprimir, coaptar, transformar, redimensionar y/o anular todo lo que no se asimila al instituido.

Aquí podría ser interesante señalar un curioso paralelismo entre la forma en que el instituido trata las ‘manifest-oposiciones’ y el clásico discurso –repetido y escuchado at nauseam- del volverse adulto, del pasaje de una edad sin responsabilidades, a su asunción. El instituido, siempre en general, suele acercarse a las ‘manifest-oposiciones’ según dos modalidades: disparando (o sea, a través la represión) o invitando los movimientos y sus integrantes a asumir sus responsabilidades (así como las instituciones y sus integrantes las “asumen”) y, de esta forma, como si ese pasaje fuese inevitable, adhiriendo a las reglas del juego impuestas por el instituido.

La asunción de las propias responsabilidades, el proceso de maduración, o sea la entrada en la edad adulta (la institucionalización, la formalización) debería abrir los ojos a los movimientos sobre el hecho que la aceptación del mercado y de sus reglas, de este mercado y de estas reglas, de la política, de esta forma de entender y hacer la política, y consecuentemente, de este saber formal y esta acción formal, son la única opción posible. M ’hijita, yo también era como tú, pero pronto te darás cuenta como, cuando madurarás y asumirás tus responsabilidades, estarás recorriendo mis propios pasos.¿Os recuerda algo?

El adulto/instituido afirma que existe una manera nada más del actuar responsable, aquel que corresponde al modus vivendi/operandi y que permite mantener calmo y tranquilo el ente viviente del mercado. La asunción de las responsabilidades, la maduración, equivale a la concienciación del hecho que –como la iluminación camino a Damasco– existe algo trascendente mucho más importante que el planeta sobre el que respiramos y que las criaturas que nos acompañan en cada respiración.

Después de todo, también si vestimos el traje del adulto/mercado que se nos impone, siempre existirá la libertad de ejercer la creatividad eligiendo los colores y los dibujos de la corbata. El modus vivendi/operandi instituido permite –ya que le es útil– el anticonformismo (individual) y así siempre habrá espacio para los mavericks [7], mientras que, para lo que es colectivo y común, existen las fuerzas del orden (instituido, y si así se llaman se deberá a alguna razón) para contener la exuberancia juvenil, después maduraran.

Sin embargo, las ‘manifest-oposiciones’ rehúyen la dialéctica con el instituido y la cristalización de la institución y las plazas y las calles vuelven a llenarse y, puntualmente, hierve la multiplicidad instituyente y los seres humanos se vuelven sujetos activos de su propio cambio.

Insertándonos en una perspectiva castoriadisiana, la sociedad instituyente siempre será irreducible a la sociedad instituida y, en este contexto, las #revoluciones pueden adquirir las características de proyectos culturales subjetivos/objetivos, posibles y probables creaciones socio-históricas que buscan ensanchar los espacios de autonomía individual y colectiva, a través de la participación de todas en el poder y, en primer lugar, en el poder instituyente, y que sean capaces de una perpetua reconsideración de sí mismas [8].

Instituyendo, la importancia del gerundio

Entre los mínimos comunes múltiples que re-unen los movimientos contemporáneos está presente también la vuelta a la plaza. Ya no se asedian los lugares donde el poder simbólico se reúne –no se asalta el palacio de invierno– los movimientos se reapropian de los espacios/lugares para vivir juntos el tiempo de la lucha. Las plazas vuelven a ser experiencias de encuentro/confrontación: lugares de lo común. Commons, donde volver para ejercer experiencias.

Volver a encontrarse en las plazas, hacer comunidad atravesando lo común, emanciparse en lo/la común: comunidades abiertas excedentes – no borders– constantemente instituyentes y nunca (definitivamente) instituidas. Experiencias de apertura, inclusión y solidaridad. Narraciones vívidamente antitéticas a cualquier lógica de identidad [9] por las mismas razones por las cuales es rechazada la institución.

La ‘manifest-oposiciones’ no transitan de forma provisoria por espacios etiquetados como públicos por el instituido [10], el disenso –organizado sobre el modelo informal de la red– ocupa los espacios y “crea una nueva territorialidad, y de esta forma y de alguna manera escribe la historia, sobre lo que en precedencia se consideraba suelo y nada más” (Sassen en Beaumont, 2013, p. 22). Las ‘manifest-ocupaciones’ crean zonas temporalmente autónomas e instituyentes [11] y ponen en marcha la creación de una multiplicidad de saberes – acciones que van encarnando una(s) idea(s) de ciudadanía(s).

La ruptura espacio-temporal de la ‘manifest-ocupación’ promueve un ambiente a la creación instituyente que es, en primer lugar, crítico, a raíz del/ de los NO originario/s. Esto subraya también que la criticidad no sea predeterminada, obra de vanguardias y/o instituciones (como partidos, sindicatos…) que la devuelve a las masas pre-digerida y bajo la forma de un mensaje. El espacio-tiempo de las ‘manifest-ocupaciones’ es tiempo y lugar de debate, de construcción de criticidad: el intercambio que se realiza entre los múltiples NO instituyentes va creando la pluralidad en movimiento del NO común.

El desarrollo de este NO común es incluyente pero no asimila/anula la diversidad; en este sentido el espacio-tiempo de las ‘manifest-ocupaciones’ es emancipador y libertario: o es de todas o no es de nadie. Se baila, conscientes de que una revolución sin baile no puede ser una revolución a la que merezca la pena participar, como gotas en el océano, conscientes de que es la multitud de gotas la que hace el océano. Se ama, manifestando feminidad, conscientes de que hoy la #revolución o es feminista o no es ni será. Y, como el caminante de Machado, se desarrolla como una narración de narraciones, se nutre de las particularidades y de las especificidades de la situación que la ve bailar pero, al mismo tiempo, beber de otras experiencias precedentes y contemporáneas.

Múltiples narradoras de, y por, un mundo en el cual conviven muchos mundos, “knowledge workers” como olas instituyentes. A Túnez fue la acción de un joven vendedor ambulante que, en contra del autoritarismo policial, se prendió fuego. A lanzar la ocupación de Zuccotti Park fue la revista Adbuster directamente influida por lo que estaba pasando en Túnez. Las manifestantes que defienden el parque Gezi a Estambul asisten a la transformación de la ‘pacífica’ protesta contra la construcción del enésimo centro comercial (mezquita incluida) en un movimiento multíplice que se contrapone al autoritarismo con el que el gobierno turco intentó el desalojo (cañones de agua urticante, gases lacrimógenos y balas de goma, los clásicos por quienes conocen la represión autoritaria a la que se encomiendan los gobiernos democráticos [12]). Poco después, desde Brazil, se retoma el eco de las protestas: “Nuestros 20 céntimos son el parque de Estambul” [13].

La generación crecida dentro de la tercerización, cada vez más conectada, cada vez más ‘cooperativa’, cada vez más sola y, sin embargo, capaz solamente a través de las demás (también demás generaciones) de sentirse viva, de percibir vivo su propio hacer a través de la insurrección antiautoritaria. Una(s) generación(es) que es el vehículo principal de la rebelión que se ha difundido (de todas partes, de forma independiente a las características idiosincráticas de cada lugar, espacio y tiempo) en contra de una autoridad que ya no logra contenerlas.

En contraposición a la demo-esclerotización de lo instituido, la zona temporalmente autónoma e instituyente efectúa un reload democrático: invierte la tendencia instituida que reduce la democracia a la representativa liberal y rehúye la dicotomía representante-representado: la protagonista de los saberes-acciones instituyentes es ‘no representante’ [14], la multiplicidad en movimiento no puede no encarnar una coherencia necesaria: es siendo.

Esta perspectiva crítica y no-representativa choca con fuerza también con aquellos sistemas que suponen una democracia directa y/o semi-directa como, por ejemplo, los suizos (federal y cantonales). De hecho, en estos sistemas, la participación ciudadana no se refiere casi nunca a la definición de la pregunta sino que se limita (y aquí, las que sólo pondrán una cruz al lado de un símbolo y un nombre cada 4 años, levantarán una democrática –mejor eso que nada– ceja) requerir al ciudadano un ‘si’ o un ‘no’ a una situación pre-determinada/digerida/definida y a merced de las posibilidades financieras del o del no para invertir en publicidad.

Por el contrario, el hervidero de política que caracteriza las ‘manifest-ocupaciones’ se transforma en una sonora bofetada para toda la clase política profesional (o amateur) que cada dos por tres habla de la apatía de la ciudadanía por la política.

Cuando hablamos de la irreductibilidad de los movimientos instituyentes a las instituciones, queremos subrayar el hecho de que estos movimientos no pueden no ser formas instituyentes y anti-dialécticas. Que no puedan, por su propia naturaleza/expresión, por lo menos por como los conocemos, instituirse, enfrentar una dialéctica con el poder, dialógicamente, proponiendo tesis y/o antítesis para afirmar, a través instancias institucionales, eventuales síntesis.

Efectivamente, una de las críticas que más a menudo emerge desde lo instituido, en relación a las ‘manifest-ocupaciones’ se refiere a la ausencia de propuestas… formales! Las zonas temporalmente autónomas e instituyentes no pueden ser una proposición instituida a la que responder “si, me gusta: me sumo” o “no, no me gusta: a ver la próxima” [15]. Las zonas temporalmente autónomas e instituyentes son investigación/búsqueda-construcción de propuestas, son praxis que se desarrollan en un espacio-tiempo que es instituyente a la vez que está constantemente bajo asedio. La gramática instituyente actúa sobre y en la/las cultura/s a través de una praxis que es otro lenguaje y otra política respecto a las instituciones que piden unas propuestas ‘formales’. Formalidad ésta en la que, evidentemente, subyace la asunción de las reglas, de las modalidades, de los tiempos, de las relaciones, en pocas palabras, que requiere la adecuación (la sujeción) a lo instituido.

Un párrafo en defensa de la subjetividad. Creemos que los movimientos instituyentes desvanezcan en el momento en que se entrevén posibilidades institucionales, por reaparecer y entrar nuevamente en conflicto como formas instituyentes. Creemos también que la razón de esta esencia, nos atrevemos a decir, líquida, pueda buscarse en la pérdida del padre–en la pérdida del maître a penser– “el intelectual como crítico del poder en sus múltiples articulaciones” [16] que por todo el siglo pasado se reconocía como “intelectual orgánico”. Una pérdida de la que, queremos subrayar, nosotros y creemos que los movimientos también, no hemos salido con traumas, al revés, nos ha capacitado para emanciparnos de la autoridad, aquella más valiosa, no la paterna y autoritaria, sino aquella, buscada y elegida, no impuesta, de esta forma hemos estado capaces de transformarnos en pensadores críticos múltiples.

Esta informalidad, de la que se origina y en la que se mantiene la ‘manifest-ocupación’, impregna de una manera importante la zona temporalmente autónoma e instituyente y reformula completa y radicalmente las relaciones entre las personas. También en un contexto de aprendizaje. La abertura a un debate que incluye sin asimilar, la construcción participada y participativa a la/de la criticidad (del instituido como del instituyente) y la praxis propositiva en movimiento ‘conforman’ un espacio-tiempo de aprendizaje informal permanente.

La zona temporalmente autónoma e instituyente surge en un instituido que, Fukuyama dixit, debería pasar como definitivo: el modelo neoliberal actual es el mejor de los mundos posibles. Su connotación de justicia, de libertad, de igualdad y así sucesivamente, son aquellas que dicta la universalización del criterio económico y son las mejores ‘en el mercado’. La zona temporalmente autónoma e instituyente rechaza el modelo y, se podría decir socráticamente, interroga y se interroga sobre otras bases. Los valores instituyentes que hacen de los humanos seres humanos no pueden – ni podrán nunca – ser instituidos una vez por todas; se vuelve de esta forma intrínsecamente necesario mantenerse en movimiento, poniendo en discusión constante lo instituido/institución, lo instituyente (que es ineludiblemente puesta en discusión permanente) y nosotras mismas como objetos instituidos y sujetos instituyentes.

Una producción de sentido ésta, desde la cual, aunque como partisanos, nos parece a/coger algunas tendencias universales que se propagan como una colmena con actitud rizomática, una ‘policefalia’ o inteligencia colectiva atravesada por formas narrativas múltiples y propias de los movimientos que hoy tienden a transformar la realidad, nutriéndose de todo lo que la intelectualidad difusa produce.

Las ‘manifest-ocupaciones’ – zonas temporalmente autónomas e instituyentes van tejiendo la Historia a través de las historias; son saberes-acciones instituyentes de una lectura plural del mundo que, leyéndolo, ya lo están reescribiendo.

“Conclusiones” y más allá

¿Podrá, cualquier artefacto de la creatividad humana, tener un final, una conclusión? La vida, la Historia (que de las historias es… constituyente), por lo menos la Historia no historiada, porqué presente, eternamente indeterminada, no la tendrá. Por lo menos hasta el final de la humanidad mismo, después y a la fuerza, cambiarán los supuestos.

Una humanidad que, después haber descubierto por sí misma la posibilidad/probabilidad, no podrá dejar de buscar su ser instituyente y, gracias a un juego semántico, podrá – puede ser – volver a encontrar la capacidad de enfrentarse con el arqué encauzándolo a través de un sufijo negativo, an-arqué. Aceptando el principio de encontrarse siempre al principio.

Y, por otra parte, sólo siendo conscientes de vivir un presente sin principios, en un sentido amplio y plural, así como sin príncipes a los cuales consagrar los capitales humanos, sociales y culturales y, en caso contrario, ser, y ser portadores, de profanaciones.

Las ‘manifest-ocupaciones’ se transforman en narraciones de verdades subjetivas que tejen y escriben juntas una posible suerte común. Común, como la única declinación plural y múltiple para evitar que la Historia no se repita como una farsa. Conscientes o no de que la multiplicidad plural de las ‘manifest-ocupaciones’ viven bajo la Necesidad de estar, de existir, de Ser. No como necesidad producida, sino a través los elementos mismos que constituyen el bienestar de una persona, la riqueza relacional –poder instituyente– capaz de producir un corte limpio con la convencional costumbre a la necesidad inducida a la que estamos acostumbrados/adictos/atomizados.


[1] Kolbert, E. (2013). Il richiamo della natura. En Internazionale, núm. 1005. Además, generalmente, los mainstream medios de un país X suelen hablar de hechos cuando se refieren a ‘manifestaciones’ de otros países, mientras, cuando éstas aparecen en el patio de casa, de forma inexplicable (?), la deriva psicológica siempre está al acecho.

[2] Entonces, desde una cierta perspectiva, es comprensible la dificultad de los medios de comunicación en generalizar una protesta que, como dice Beaumont (2013), plantea muchas demandas. Es muy probable que, sigue Beaumont (2013), las conjugaciones de estas ‘manifestaciones’ vuelven necesario mover la lectura del sentido: desde los contenidos a una idea más amplia de organización. Beaumont, P. (2013) Le nuove forme della protesta globale. En Internazionale, núm. 1006.

[3] ‘Il messaggio del subcomandante Marcos a piazza Taksim’, 17 giugno, www.infoaut.org.

[4] En italiano: democraziakmzero.org y en español en http://www.nodo50.org/mlrs/weblog/images/1721.pdf

[5] “Le nostre vite in vendita”. M. J. Sandel (2012) en Internazionale del 21/27 de diciembre, núm. 980, pág. 40.

[6] Benjamin, W. (2013). Il capitalismo come religione. Genova: Il Melangolo.

[7] El independiente, el individualista y, de paso, el protagonista de Top Gun(1986).

[8] Para Castoriadis este proceso colectivo, la auto-alteración de la institución así como la posibilidad de su puesta en discusión por parte de los individuos que pertenecen a ella, tiene que realizarse de forma simultánea a un proceso individual, en otras palabras, la llegada del ‘sujeto’ humano, entendido como instancia reflexiva y deliberante.

[9] A menudo, términos como identidad, institución y autoridad son leídos/interpretados como sinónimos.

[10] Sobre el uso que el instituido hace del término ‘público’, se podría abrir otra discusión. En este sentido, Agamben, en una ponencia a la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Suiza), señalaba, el año pasado, como un espacio puesto bajo el control constante de las cámaras de seguridad, deja de ser ‘público’.

[11] Se hace referencia aquí a las TAZ de Hakim Bay, Lagana, nómada#1 (segunda edición).

[12] Bajo el título ‘a veces, vuelven’, un evergreen del autoritarismo democrático instituido (y en defensa del mismo), en el sentido weberiano del término, catalunya.

[13] internacional.elpais.com

[14] Sevilla, 15M, mayo 2012. Una noche, que la concentración “oficial” empieza, la escalera de las Setas está petada de gente a la espera… una chica agarra el micrófono y pregunta a la gente si es que está esperando a alguien… ya que la gente no contesta sigue advirtiendo que aquel o aquella alguien no existe, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Aquel o aquella alguien soy yo, eres tú, somos nosotros.

[15] A menudo, en la discusiones informales, cuando se habla de otros mundos posibles y se llega al momento del compromiso, paso anterior a la acción, al hacer juntos, surge la posición de alguien que afirma: “bueno, tu empieza y si después me gusta te sigo”. Como si fuese indispensable tener la solución/respuesta y no las ganas de buscarla. Castoriadis hablaría de la conciencia de vivir al borde del abismo.

[16] “Sulla fine degli intelletuali” de Benedetto Vecchi, Il manifesto, martes 18 de junio 2013. “El maitre-a-penser que le gustaba a Jean Paul Sartre... (capaz de revindicar)... una autonomía de juicio desde el partido que debía representar la clase, pero que se consideraba orgánico a un proyecto de transformación radical de la sociedad”. La cursiva es nuestra.


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